El uso de celular en niños y jóvenes se convirtió en tema de debate nacional luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum pusiera sobre la mesa una advertencia directa: los menores de edad pueden pasar hasta siete horas diarias frente a una pantalla, con consecuencias reales en su salud mental, su rendimiento académico y hasta en cómo duermen.
¿De qué habló Sheinbaum exactamente?
Durante varias conferencias mañaneras —las del 27 de julio y 3 de agosto de 2026—, la presidenta planteó la necesidad de una regulación consensuada sobre el uso de dispositivos digitales y redes sociales entre niñas, niños y adolescentes. No habló de prohibición total: habló de acuerdo social.
Uno de los datos más fuertes que circularon en el debate: niñas, niños y adolescentes pueden pasar cerca de siete horas diarias frente al celular, tiempo que desplaza el ejercicio, la convivencia cara a cara, el sueño y la reflexión. La pandemia de COVID-19 fue el punto de inflexión: cuando las clases se fueron a plataformas digitales, el tiempo de pantalla se normalizó —y nunca regresó del todo a los niveles anteriores.
Sheinbaum fue directa: «no se puede vivir pegado al celular», y señaló que el uso excesivo genera problemas de salud mental, afecta el aprendizaje y modifica la convivencia social.
El algoritmo como enemigo silencioso del uso de celular en niños
Parte central del diagnóstico presidencial fue el diseño mismo de las plataformas. El scroll infinito no es un accidente: es una decisión de ingeniería para que no puedas soltar el teléfono. Arturo Béjar, exdirector de Ingeniería de Protección en Facebook, confirmó ante la mañanera que estas plataformas están diseñadas para generar adicción a través de mecanismos que captan y prolongan la atención.
Jonathan Haidt, psicólogo social de la Universidad de Nueva York y autor de La generación ansiosa, fue aún más contundente: una infancia organizada alrededor del teléfono puede provocar depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, adicción, menor capacidad de atención y acoso sexual. No son hipótesis: son efectos documentados.
Especialistas de la UNAM también han advertido que actividades fundamentales como jugar, correr o interactuar con otros niños quedan desplazadas cuando el tiempo libre ocurre principalmente frente a una pantalla.
¿Y la IA qué tiene que ver?
Aquí viene uno de los puntos más inquietantes del debate: algunos jóvenes están recurriendo a sistemas de inteligencia artificial cuando presentan síntomas de depresión, usándolos como sustitutos de profesionales de salud mental. No es ficción distópica: ya está pasando.
Sheinbaum también alertó sobre esto durante los foros. La pregunta que queda flotando es incómoda: si un joven no tiene acceso a un psicólogo real, ¿está mal que le cuente sus problemas a un chatbot? La respuesta no es simple, pero la presidenta sí fue clara en que eso no puede ser la solución sistémica.
Por qué te importa el uso de celular en niños (aunque no tengas hijos)
Primero, porque fuiste ese niño o adolescente. Y si tienes hermanos menores, sobrinos o simplemente convives con jóvenes, el tema te toca de cerca.
Segundo, porque esto va más allá de los regaños de mamá. Investigadores de la UNAM señalan que el uso excesivo de pantallas afecta el desarrollo cognitivo, del lenguaje y las habilidades motoras desde edades tempranas. Y estudios recientes publicados en revistas especializadas muestran que los niños mexicanos ya superan el tiempo de pantalla recomendado por la Academia Americana de Pediatría —que para mayores de dos años es máximo una o dos horas diarias con supervisión.
Tercero: el gobierno ya tomó una postura. A finales de agosto de 2026 se presentará una propuesta concreta para regular el uso de celulares en las escuelas, justo antes del inicio del ciclo escolar 2026-2027. Lo que decidan ahí va a afectar el día a día de millones de estudiantes. Conoce los detalles en el sitio oficial de la Presidencia de la República.
¿Qué propone el gobierno y qué no ha dicho todavía?
Sheinbaum ha sido cuidadosa en no llegar con decreto en mano. La estrategia anunciada tiene varias capas:
- Foros regionales con estudiantes, familias, docentes y especialistas (ya se realizaron en el noroeste, centro-occidente y zona metropolitana; el siguiente es el 19 de agosto en Nuevo León).
- Guías impresas, asambleas escolares y programas de salud mental para generar conciencia antes de imponer reglas.
- El programa ABC de las Emociones, enfocado en fortalecer la salud mental de adolescentes.
- Discusión paralela sobre regulación de plataformas digitales: verificación de edad, transparencia algorítmica y responsabilidad de las empresas tecnológicas.
Lo que no está claro todavía: si la regulación será prohibición total dentro de los planteles, restricción por horario, o algo más flexible. Eso, según la presidenta, se definirá en consenso.
Para contexto global: según datos de la Unesco citados en la propia mañanera, el 58% de los países —114 sistemas educativos— ya tienen algún tipo de regulación sobre el uso de tecnología en escuelas. Australia prohibió redes sociales a menores de 16 años; Francia aprobó en julio de 2026 restringirlas a menores de 15. México llega tarde al debate, pero al menos ya lo está teniendo.
El dato que sí debería preocuparte
Cerca del 70% de madres y padres de familia consultados por el gobierno están de acuerdo en regular el uso del celular en las escuelas. No es Sheinbaum contra los jóvenes: es la mayoría de las familias pidiendo límites que ellas mismas no pueden sostener solas en casa.
El problema real no es el celular. El problema es que las plataformas gastan millones de dólares en ingeniería para que no lo puedas soltar —y los niños y adolescentes no tienen ninguna defensa contra eso. Que el Estado intervenga no es censura: es reconocer que el mercado no va a proteger a los menores por sí solo.
La conversación apenas empieza. La pregunta es si el resultado va a ser una política pública con dientes o un comunicado bonito que se olvida antes del primer recreo del ciclo escolar.




