Este martes 22 de septiembre, Donald Trump usó el micrófono más importante del mundo para decirle a todos los países que México es el «epicentro de la violencia de los cárteles» — y de paso comparó a esas organizaciones con ISIS. Lo hizo ante la 81ª Asamblea General de la ONU, en Nueva York, frente a los representantes de casi 200 naciones. La relación Trump–Sheinbaum, sin embargo, siguió siendo el contrapeso incómodo del discurso.
Qué dijo exactamente Trump sobre México y los cárteles en la ONU
«México es el epicentro de la violencia de los cárteles. Lamentablemente, es inaceptable que Estados Unidos comparta una frontera de 2 mil millas con un territorio controlado por cárteles enemigos. Por lo tanto, México debe recuperar el control de su territorio de manos de los enemigos de la humanidad», declaró ante la Asamblea General.
Trump también calificó a los cárteles de «enemigos, en guerra con la civilización», que «deben ser asesinados, exiliados o detenidos».
En el mismo discurso, comparó a los cárteles con el grupo terrorista ISIS, al calificarlos como «el ISIS del Hemisferio Occidental». No es un accidente de lenguaje: la designación de grupos terroristas que hizo su administración meses atrás apuntaba exactamente a ese marco narrativo.
Trump también amenazó con usar la fuerza militar en Latinoamérica si ve amenazados los intereses de su país: «Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra el país se afiancen en ningún lugar del continente americano. Y, si es necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual para proteger los intereses nacionales de Estados Unidos.»
El giro: Trump celebró su relación con Sheinbaum en el mismo respiro
Y aquí viene la parte rara del asunto. En el mismo discurso donde acusó a México de ser un epicentro del narco, Trump salió con esto:
«Estoy muy orgulloso de decir que tenemos una muy buena relación con el gobierno mexicano. Hemos tenido grandes avances con México. Ellos tampoco quieren a los cárteles.»
Esa contradicción no es nueva ni accidental. El discurso se produjo seis días después de que la administración Trump reconociera oficialmente acciones del gobierno mexicano contra el narcotráfico al presentar ante el Congreso la llamada «Major’s List» para el ejercicio fiscal 2027, donde reconoció que la administración de Sheinbaum había incrementado las incautaciones de drogas, desmantelado laboratorios clandestinos y desplegado recursos adicionales de las fuerzas de seguridad en la frontera común.
En otras palabras: el regaño en público y el reconocimiento en los documentos oficiales coexisten. Es la dinámica clásica de esta relación bilateral.
Por qué te importa la relación Trump cárteles México ONU
Porque lo que Trump diga en la ONU no es solo retórica para consumo doméstico. Es el posicionamiento con el que Estados Unidos negocia, presiona e impone condiciones en la relación bilateral: desde aranceles hasta cooperación en seguridad, pasando por deportaciones y política migratoria.
Trump recordó que su administración ha designado a los cárteles como organizaciones terroristas extranjeras y los comparó con el grupo Estado Islámico — una designación que tiene consecuencias legales y diplomáticas reales, no solo simbólicas. Habilita sanciones secundarias, restringe financiamiento y abre la puerta a operaciones unilaterales.
Frente a esto, Sheinbaum ha defendido la cooperación conjunta en seguridad, pero rechazado de tajo cualquier intervención militar estadounidense: «Orgullosamente seguimos diciendo que no.»
La semana pasada, Sheinbaum respondió a señalamientos similares asegurando que México no necesita ser juzgado desde el exterior y pidió a Estados Unidos informar sobre sus propias acciones contra la distribución de drogas, el lavado de dinero y el tráfico ilegal de armas. Es la postura que mantiene desde el arranque: cooperación sin subordinación.
No es la primera vez que Trump usa esta narrativa
Trump ya había calificado a México como «epicentro de la violencia de los cárteles» durante la cumbre regional «Escudo de las Américas», celebrada en marzo en Miami, donde reunió a cerca de 15 líderes latinoamericanos para lanzar una alianza militar contra el crimen organizado.
La etiqueta de «epicentro» es estratégica: coloca a México como el problema central de la seguridad hemisférica, no como un socio en la solución. Eso facilita justificar presión unilateral, aranceles punitivos y la amenaza constante de intervención.
No es casualidad que en la misma semana México haya coordinado con Washington la deportación de Fernando Farías, un caso que refleja exactamente esa tensión entre cooperación operativa y soberanía política que define la relación bilateral hoy.
El contexto que Trump no mencionó ante la ONU
Trump construyó su discurso sobre una premisa: que el problema de los cárteles es fundamentalmente mexicano. Pero la ecuación tiene más variables.
La presidenta Sheinbaum ha pedido que Estados Unidos atienda el consumo de drogas dentro de su territorio y el tráfico de armas hacia México. Datos del gobierno mexicano apuntan a que la gran mayoría de las armas incautadas a cárteles son de fabricación y tráfico estadounidense.
Las diferencias públicas entre ambos gobiernos conviven con mecanismos de cooperación en seguridad. La Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026 de Estados Unidos contempla expresamente fortalecer la coordinación con México mediante intercambio de inteligencia, seguridad fronteriza, capacitación y acciones dirigidas contra organizaciones criminales.
El discurso ante la Asamblea General de la ONU fue, en el fondo, una actualización del manual Trump: acusar fuerte en el escenario global, mientras los técnicos de ambos países siguen operando juntos en la sombra.
¿A dónde va esto?
La pregunta real no es si Trump va a seguir usando la palabra «epicentro». Va a seguir usándola. La pregunta es qué tan lejos está dispuesto a llevar esa narrativa en términos de política concreta: más aranceles, más designaciones, o alguna acción unilateral que Sheinbaum ya dijo que no va a tolerar.
Por ahora, la postura mexicana sigue siendo la misma: cooperar sin ceder soberanía. Pero cada vez que Trump sube a un micrófono multilateral y coloca a México como protagonista de la inseguridad hemisférica, el margen de maniobra se estrecha un poco más. Y las decisiones que se toman en esa sala en Nueva York terminan aterrizando, de una u otra forma, en la vida cotidiana de quienes vivimos aquí.




