Las T-MEC negociaciones están en el centro del debate político esta semana después de que la presidenta Claudia Sheinbaum salió a defender la postura de México: no hubo malas negociaciones, el país llega con ventaja, y quien realmente sale más golpeado del proceso actual es Canadá. La declaración no es menor en un momento en que la revisión formal del tratado acaba de arrancar.
¿Qué pasó exactamente con el T-MEC?
El 1 de julio de 2026 arrancó formalmente el proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. La fecha era clave: si los tres países no acordaban extenderlo 16 años, el acuerdo seguía vigente bajo el esquema original —hasta 2036— pero con revisiones anuales.
Eso fue exactamente lo que pasó. Washington rechazó la extensión automática y el T-MEC entró a un esquema de revisiones anuales. La próxima ronda de negociaciones está programada para el 20 de julio en la Ciudad de México.
Sheinbaum lo dijo claro en su mañanera: el tratado no termina hoy ni mañana, porque fue aprobado por los congresos de los tres países y cualquier cambio profundo tendría que regresar a ese proceso legislativo. En sus palabras, ni Canadá, ni EU, ni México están en esa posición.
Por qué te importa la T-MEC negociaciones
Porque afecta directamente el trabajo de millones de mexicanos. El sector automotriz, por ejemplo, es el corazón de esta discusión: el 44.67% de todas las autopartes que importa Estados Unidos vienen de México. Eso es poder de negociación real, no solo discurso.
Ahora bien, Estados Unidos quiere cambiar las reglas de origen para que más piezas se fabriquen en la región —y específicamente en suelo estadounidense—. La propuesta más agresiva que circula en las mesas técnicas busca subir el Valor de Contenido Regional (VCR) del 75% actual hasta el 85%, con la mitad de ese porcentaje obligatoriamente made in USA.
Si eso prospera, las cadenas de suministro que tomaron décadas construir tendrían que reconfigurarse. Armadoras, proveedores Tier 1 y Tier 2, y trabajadores de toda la región lo sentirían.
El argumento de Sheinbaum: México va ganando, Canadá no tanto
La presidenta planteó que el T-MEC le da a México mayor competitividad frente a China y que las cadenas productivas entre México y EU son complementarias, no rivales. Más empleo en México no significa menos empleo en EU —fabrican cosas distintas— y eso, dijo, está documentado.
Sobre Canadá, su argumento es que el vecino del norte llega en una posición más débil a estas negociaciones. La industria de autopartes lo respalda con datos: México provee casi el 43-47% de las autopartes que usan los autos fabricados en EU, mientras que Canadá representa apenas el 10.17% de ese abasto.
Dicho de otro modo: México es más difícil de reemplazar en la cadena de manufactura norteamericana. Eso no elimina la presión, pero sí cambia el peso relativo en la mesa.
Las T-MEC negociaciones y el fantasma de China
Detrás de toda esta discusión hay una preocupación que EU no oculta: que empresas asiáticas —especialmente chinas— usen a México o Canadá como puerta trasera para entrar al mercado estadounidense sin generar valor real en Norteamérica.
Por eso el endurecimiento de reglas de origen no es solo proteccionismo: tiene una lógica geopolítica. El representante comercial de EU, Jamieson Greer, fue explícito: las reglas de origen serán un eje central de las negociaciones, con el objetivo de fortalecer el contenido estadounidense en sectores como el automotriz.
La industria mexicana de autopartes, sin embargo, ya está moviéndose. Según datos de la Industria Nacional de Autopartes (INA), el sector elevó su cumplimiento de reglas de origen del 47% al 76% en un solo año, con proyección de llegar al 80%. Eso es un argumento de peso que México lleva a la mesa el 20 de julio.
¿Qué sigue en las T-MEC negociaciones?
La primera revisión anual formal será el 20 de julio en la Ciudad de México. Ebrard ya adelantó los tres ejes que México pondrá sobre la mesa: reducir la dependencia del exterior, definir los tiempos de revisión y clarificar los procesos.
Fuera de eso, el secretario de Economía insistió en que no hay nada que notificar por ahora: el tratado sigue vigente, las reglas actuales aplican, y lo que viene es negociación, no catástrofe.
Lo que sí es un hecho es que la incertidumbre tiene costos reales. Las armadoras ya están siendo cautelosas para mover o agregar modelos, y los proyectos de inversión que dependen de certeza de largo plazo —como las plantas de nearshoring— siguen esperando señales más claras. Según el Gobierno de México a través de la Secretaría de Economía, el tratado seguirá vigente en sus términos actuales mientras dure el proceso de revisión anual.
Nuestra lectura
Sheinbaum tiene razón en que México llega a estas T-MEC negociaciones desde una posición más sólida que Canadá en términos de integración manufacturera. Pero eso no significa que no haya riesgos reales: si las reglas de origen se endurecen sin transición ordenada, el impacto caerá sobre trabajadores y proveedores de los tres países, no sobre los gobiernos que negocian. El 20 de julio dirá mucho más de lo que dicen las conferencias mañaneras.




