El TDAH en México afecta a por lo menos 1.5 millones de niñas, niños y adolescentes, una condición del neurodesarrollo que sigue siendo ampliamente subdiagnosticada y que, lejos de quedarse en la infancia, acompaña a las personas toda su vida con consecuencias reales en la escuela, el trabajo y las relaciones personales.
¿Qué tan grave es el problema del TDAH en México?
La cifra de 1.5 millones no es nueva, pero sí sigue siendo escandalosa. La Organización Mundial de la Salud estima que el TDAH en México tiene una prevalencia de alrededor del 5% de la población infantil, aunque estudios locales sugieren que la cifra real podría ser bastante mayor.
Un dato que lo confirma: una investigación realizada con 1,837 estudiantes universitarios mexicanos encontró una prevalencia del 16.2% dentro de esa población. En hombres la frecuencia fue de 22.14% y en mujeres del 13%. Eso significa que casi uno de cada seis universitarios en esa muestra presentaba el trastorno, muchos de ellos sin haberlo sabido nunca antes de llegar a la educación superior.
Lo preocupante no es solo el número: es lo que implica. Si alguien llegó a la universidad sin diagnóstico, pasó toda su primaria, secundaria y prepa luchando contra síntomas que nunca tuvo herramientas para entender ni manejar.
Por qué te importa el TDAH en México si eres Gen Z
Porque estadísticamente es muy probable que tú, alguien de tu salón o alguien de tu familia lo tenga sin saberlo. El TDAH no es «ser inquieto» o «no poder concentrarte en el zoom». Es un trastorno del neurodesarrollo que afecta la inatención, la impulsividad, la hiperactividad y la capacidad de organizar y concluir tareas, con impacto directo en la vida académica, laboral y social.
El problema estructural es que no existe una prueba de laboratorio ni un marcador biológico que permita confirmarlo. El diagnóstico depende completamente de una valoración clínica especializada: un psiquiatra, un neuropediatra o un paidopsiquiatra tiene que evaluarte. Y en un país donde el acceso a especialistas de salud mental es limitado, eso ya es una barrera enorme.
Especialistas han advertido que el diagnóstico tardío se traduce en mayores dificultades emocionales y sociales: baja autoestima acumulada, fracasos escolares encadenados, problemas de adaptación laboral. No es fatalismo, es lo que pasa cuando un trastorno tratable se ignora durante años.
Llegar a la universidad con TDAH sin diagnóstico es más común de lo que crees
El estudio publicado en Archivos de Neurociencias de México (Scielo) es uno de los más reveladores en este tema: con una muestra probabilística de 1,837 universitarios, usaron dos escalas validadas para detectar síntomas actuales y en la infancia. La prevalencia encontrada fue muy superior a la reportada en estudios de otros países, aunque consistente con investigaciones previas en población mexicana.
Esto no quiere decir que México tenga «más TDAH» que el mundo; quiere decir que México tiene más TDAH sin detectar. Personas que reprobaron materias, que se sintieron «flojos» o «problemáticos», que cambiaron de carrera tres veces, sin que nadie les dijera que había una explicación clínica para lo que vivían.
Y ojo: la carrera universitaria con mayor prevalencia detectada en ese estudio fue Biología con 23.7%, y la menor fue Enfermería con 9.9%. Los números varían, pero en ningún grupo la cifra es despreciable.
¿Qué hace el sistema de salud público ante esto?
En teoría, la ruta existe. El IMSS tiene protocolos oficiales para atender el TDAH: el proceso arranca en la Unidad de Medicina Familiar, donde el médico familiar hace una valoración inicial y, si hay sospecha, canaliza al paciente a psicología o psiquiatría para confirmar el diagnóstico y armar un plan de tratamiento. El ISSSTE también cuenta con psicofármacos especializados para uso desde edad pediátrica y servicios de salud mental en sus unidades.
En la práctica, sin embargo, los tiempos de espera para ver a un especialista en salud mental dentro del sistema público pueden ser de semanas o meses. Y eso en el mejor escenario, cuando la persona ya sabe que necesita ayuda y sabe cómo pedirla. Para la mayoría, la barrera es anterior: ni siquiera saben que lo que tienen tiene nombre y tratamiento.
El estigma sigue siendo parte del problema
Durante décadas, niños y niñas con TDAH fueron etiquetados como «problemáticos», «flojos» o «mal portados». Esa narrativa tiene consecuencias reales: muchas familias evitan buscar diagnóstico por miedo al estigma, por desconfianza hacia la medicación o simplemente porque nadie les explicó que el TDAH es una condición tratable, no un defecto de carácter.
El ISSSTE lo señaló directamente en sus comunicados: es importante eliminar el estigma de «niñas o niños problema» para prevenir bullying y depresión. No es solo un llamado de conciencia; es una advertencia de salud pública. Un menor sin diagnóstico oportuno tiene mayor riesgo de desarrollar ansiedad, depresión y, en casos más graves, consumo de sustancias como mecanismo de automedicación.
La salud mental sigue siendo la gran deuda del sistema de salud en México. Hablar de TDAH en México como un problema de millón y medio de personas —con nombre, con cifras, con rutas de atención— es el primer paso para que deje de tratarse como un tema de «niños inquietos» y se entienda como lo que es: una condición de vida que merece atención oportuna. Si crees que tú o alguien cercano podría tenerlo, el primer paso es acudir al médico familiar del IMSS o ISSSTE y pedirlo explícitamente. El sistema tiene la ruta; hay que saber usarla.




