La presidenta Claudia Sheinbaum dejó en claro esta semana que la política exterior de México no está a negociación: apoyar a Cuba es, según ella, un asunto de soberanía de los pueblos, y los ataques desde Washington son ruido electoral, no diplomacia real. Así respondió al congresista republicano Carlos Giménez, que la acusó de socavar la estrategia de presión de Trump contra La Habana.
Qué pasó: México anuncia ayuda y un republicano explota
El martes 29 de julio, Sheinbaum anunció desde Palacio Nacional un nuevo envío de ayuda humanitaria a Cuba. La isla atraviesa una crisis energética grave, agravada desde enero cuando Estados Unidos tomó el control de la producción petrolera venezolana —el principal proveedor histórico de la isla— tras la captura de Nicolás Maduro.
La declaración llegó justo después de una marcha masiva en la Ciudad de México en defensa de Cuba y contra el endurecimiento del bloqueo estadounidense. El timing no pasó desapercibido en Washington.
Ese mismo miércoles, el congresista republicano Carlos Giménez, de origen cubano y representante de Florida, salió con todo en redes. Escribió en español —sí, en español— que desde el Congreso denunciaban al «desgobierno corrupto de México» por «socavar la política de Estados Unidos hacia el régimen asesino en Cuba». También dijo que Sheinbaum «está perpetuando a la dictadura más longeva de la región» y que su actitud «no es de una aliada» mientras se renegocia el T-MEC. Remató con una amenaza: «No son buenos vecinos y tendrán que enfrentar las consecuencias».
La respuesta de Sheinbaum: soberanía primero, campaña electoral después
Al día siguiente, jueves 30 de julio, Sheinbaum respondió en su conferencia mañanera sin pelos en la lengua. En primer lugar, dejó claro su postura histórica: «Siempre vamos a ayudar al pueblo de Cuba, siempre», dijo. «Es un pueblo hermano, hay una historia común y no estamos de acuerdo con el bloqueo que afecta tanto a un pueblo».
Pero la parte que más circuló fue su lectura política del ataque: la presidenta pidió que México no sea usado como «piñata» en la campaña electoral de Estados Unidos. Señaló que este tipo de señalamientos responden a la dinámica rumbo a las elecciones intermedias de noviembre en ese país, donde temas como México, migración y política hacia América Latina sirven de munición retórica para los candidatos.
La postura no es nueva. En febrero, cuando Trump amenazó con aranceles a países que enviaran petróleo a Cuba, Sheinbaum ya había dicho que el apoyo mexicano «no es un asunto de los gobiernos, sino de apoyo para evitar una crisis humanitaria» y que México, «por Constitución y por convicción», defiende la soberanía de los pueblos.
El contexto que nadie te cuenta: T-MEC, Cuba y política doméstica en EU
Aquí está el punto que convierte esto en algo más que un pleito de Twitter: todo esto ocurre mientras México, Estados Unidos y Canadá renegocian el T-MEC. Giménez no lo dice de pasada: explícitamente vincula el apoyo a Cuba con la capacidad de México de ser un socio comercial confiable.
Desde la Casa Blanca, Trump ya declaró una emergencia nacional relacionada con Cuba a principios de año, estableciendo un mecanismo para imponer aranceles adicionales a países que provean petróleo a la isla. El secretario de Estado, Marco Rubio —también de origen cubano—, acusa al gobierno de La Habana de querer «socavar, degradar y desestabilizar a Estados Unidos» mediante espías y redes de influencia.
En ese tablero, la ayuda humanitaria mexicana es leída en Washington como una declaración política. Para Sheinbaum, es exactamente eso: una declaración de principios, pero basada en la doctrina de no intervención que México ha defendido históricamente. La Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid) es uno de los canales oficiales que el gobierno utiliza para canalizar ese apoyo a la isla.
Por qué te importa la soberanía de México frente a Cuba
Porque no es solo un debate sobre Cuba. Es sobre hasta dónde puede un congresista extranjero dictar la política exterior de México usando como palanca la renegociación comercial y las amenazas arancelarias.
El patrón se repite: cada que se acercan elecciones en EU, México aparece en los discursos republicanos como amenaza, aliado del narco o, ahora, cómplice de dictaduras. Sheinbaum lo nombra directamente —campaña electoral— y eso es, editorialmente, lo más relevante de su respuesta. No le contesta a Giménez con argumentos sobre Cuba; le dice que está viendo su juego electoral.
Esto no es un fenómeno aislado en la gestión de Sheinbaum. Ya vimos cómo la presidenta ha tenido que navegar la tensión entre la presión de Washington y los compromisos internos, como ocurre también en temas de seguridad, donde la estrategia de desplegar 10 mil militares en Michoacán es parte de la misma lógica: demostrar control soberano del territorio y las decisiones de Estado.
Sheinbaum y la soberanía como línea roja que no cede
A lo largo de su gobierno, la presidenta ha repetido una y otra vez que la política exterior mexicana no se negocia bajo presión. Lo dijo en el caso de los aranceles, lo dijo frente a la militarización de la frontera y lo dice ahora con Cuba. El argumento siempre es el mismo: México tiene una doctrina histórica y esa doctrina no cambia por tuits de congresistas.
Lo que queda por ver es si esa postura tiene costo real en la mesa del T-MEC o si, como en otras ocasiones, el ruido se disipa antes de llegar a algo concreto. Por lo pronto, México sigue mandando ayuda a Cuba y Sheinbaum sigue diciéndole al Congreso de EU que se fije en sus propios problemas.
¿La línea más clara de todo esto? Que en un año electoral en Estados Unidos, México siempre es un personaje conveniente del guion republicano. Y que Sheinbaum, al menos por ahora, no tiene intención de quedarse callada.




