Los resultados de PISA 2025 volvieron a encender las alarmas, pero si piensas que el rezago educativo en México es culpa de la pandemia o del gobierno en turno, hay algo que debes saber: este problema lleva exactamente 25 años acumulándose, desde que México participó por primera vez en esa prueba, en el año 2000.
¿Qué tan mal nos fue? Los números que no se pueden ignorar
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó el 8 de septiembre de 2026 el informe completo de PISA 2025. El diagnóstico para México es severo: 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, frente a promedios de la OCDE de 463, 461 y 482 puntos, respectivamente.
Traducido a algo más concreto: la brecha en matemáticas equivale a entre 2.5 y 3.7 años de aprendizaje escolar por debajo del promedio mundial. No es una diferencia menor; es casi toda una secundaria.
Lo más preocupante no es solo el puntaje, sino la concentración en los niveles bajos: el 41.8% de los estudiantes mexicanos de 15 años quedó por debajo del nivel básico en las tres áreas al mismo tiempo, más del doble del 19.7% que registra el promedio de la OCDE. En matemáticas, apenas 3 de cada 10 alumnos alcanzó el umbral mínimo de competencia. Y en el extremo opuesto, solo el 0.5% llegó a niveles de alto desempeño: uno de cada 200 estudiantes.
México también se evaluó por primera vez en resolución de problemas computacionales y obtuvo 453 puntos, 47 menos que el promedio de la OCDE. La generación que usa IA para hacer tarea no logra resolver problemas digitales a nivel básico internacional.
En el ranking general, México quedó en el lugar 64 de 91 países evaluados y en el lugar 37 de 38 entre los países miembros de la OCDE, prácticamente en el último lugar del club.
Por qué te importa el rezago educativo en México
Porque no es un problema abstracto de adultos en oficinas de la SEP. Es lo que va a determinar cuánto ganas, si encuentras trabajo o no, y si puedes competir en una economía que cada vez exige más habilidades críticas y menos memorización.
Los estudiantes que no alcanzan el nivel básico en matemáticas y lectura tienen muchas menos probabilidades de acceder a empleos formales bien pagados. El rezago educativo no solo se queda en la escuela: según datos de la OCDE, los trabajadores de 25 a 64 años sin educación secundaria en México tienen ingresos que pueden ser la mitad o menos del promedio nacional.
Y aquí viene el dato que conecta todo: en México, el 47% de los estudiantes usa inteligencia artificial al menos semanalmente para aprender, una cifra similar al promedio de la OCDE. Tenemos acceso a las herramientas, pero sin pensamiento crítico ni comprensión lectora sólida, la IA no es un superpoder: es solo un atajo que no lleva a ningún lado. Ya lo analizamos en nuestra nota sobre cómo PISA 2025 expone el retroceso de México en matemáticas y la alerta de la OCDE.
Seis presidentes, doce secretarios de educación y el mismo problema
Este es el dato que más duele: a 25 años de la primera evaluación PISA en México, el país ha pasado por seis presidencias y doce titulares de la SEP. Ha habido reformas educativas, contrarreformas, la Nueva Escuela Mexicana, libros de texto polémicos, y ninguna de esas transformaciones ha movido la aguja de manera significativa en los aprendizajes reales.
La edición 2025 es además la primera que evalúa a estudiantes formados bajo la Nueva Escuela Mexicana —el modelo impulsado desde el gobierno de AMLO y continuado por Sheinbaum—. Esos jóvenes vivieron la pandemia, cambiaron de plan de estudios en plena secundaria y navegaron un sistema educativo en constante rediseño. El informe los describe como alumnos que «han tenido distintos planes de estudio, interrupción por la pandemia y que han transitado en un sistema educativo incierto».
Mientras tanto, la presidenta Sheinbaum señaló que siempre han cuestionado la prueba. Su secretario de Educación compartió en redes el mensaje positivo de la OCDE sobre la «resiliencia» y la «perseverancia» de los estudiantes mexicanos. No es mentira: el 80% de los alumnos dice sentir curiosidad por aprender y el 76% afirma esforzarse más ante las dificultades. Eso es real y vale reconocerlo. Pero la curiosidad sin infraestructura ni recursos no construye aprendizaje.
El problema de fondo: sin dinero y sin materiales no hay educación
Más allá del debate político, los datos de PISA 2025 exponen una crisis de infraestructura que el gobierno no puede atribuirle a ninguna prueba: casi el 48% de los planteles escolares en México reportó falta de material educativo —libros, equipos de cómputo, material de laboratorio o biblioteca—, según señalaron los propios directivos de las escuelas evaluadas. El 29% indicó que la educación se ve obstaculizada por falta de personal.
A eso hay que sumarle que, según el informe Education at a Glance 2025 de la OCDE, México redujo el financiamiento por estudiante en los últimos años, mientras que la carga económica de la educación recayó cada vez más en las familias. Y el acceso a educación inicial sigue siendo uno de los más bajos del bloque: menos del 5% de los niños de 0 a 2 años están matriculados, frente a tasas superiores al 60% en países como Corea o Noruega. Puedes consultar el análisis completo del IMCO sobre PISA 2025 en imco.org.mx/pisa-2025.
El rezago empieza antes del primer día de clases y se arrastra por décadas. No es solo un asunto de qué tan buenos son los maestros o qué tan motivados están los alumnos.
El rezago educativo en México tiene solución, pero requiere algo que ha faltado: continuidad
La OCDE no solo regaña: también recomienda. Mathias Cormann, secretario general del organismo, fue claro: «los mejores sistemas educativos se centran en una menor cantidad de áreas con mayor profundidad, invierten en los docentes, involucran a los padres y ofrecen apoyo específico a los estudiantes y escuelas que más lo necesitan».
El IMCO, por su parte, subraya que recuperar el dominio en comprensión lectora y razonamiento matemático es urgente, y que eso requiere tanto apoyar a los maestros como dirigir recursos concretos a las escuelas con mayor rezago.
El problema no es nuevo ni sorpresivo. Es estructural, acumulado y perfectamente documentado desde hace un cuarto de siglo. Lo que ha faltado no es diagnóstico: es la voluntad política de mantener una estrategia más allá de un sexenio, sin importar de qué partido sea el gobierno.
Mientras eso no ocurra, cada nueva edición de PISA va a confirmar lo mismo. Y los jóvenes que hoy usan IA para hacer tarea seguirán siendo evaluados —y quedando— por debajo del mundo.




