Una especialista presentó en La Mañanera una campaña de concientización con un dato que duele: las nuevas generaciones perderán 20 años de su vida en redes sociales. No es hipérbole. Es un cálculo basado en el tiempo promedio de uso acumulado a lo largo de una vida, y el impacto de las redes sociales en la dopamina explica por qué ese número va a seguir creciendo.
¿Qué tiene que ver el scroll con la dopamina?
La dopamina es el neurotransmisor que tu cerebro libera cuando anticipas una recompensa: un like, una notificación, un video que te sorprende. El problema es que las plataformas están diseñadas exactamente para explotar ese mecanismo. Cada notificación es una pequeña descarga. Cada scroll, una apuesta.
La especialista Jiménez García explicó que el uso problemático de la tecnología activa los mecanismos cerebrales relacionados con la dopamina de forma repetida e intensa. Con el tiempo, el cerebro se protege reduciando la cantidad de receptores de dopamina disponibles. El resultado: actividades que antes te generaban placer —salir a correr, platicar con amigos, terminar un proyecto— dejan de sentirse igual de satisfactorias.
Básicamente, el scroll te sube el umbral. Todo lo demás queda opacado.
La corteza prefrontal: el freno que todavía no terminas de desarrollar
Aquí viene la parte que más debería preocuparnos como generación. El uso problemático de las redes sociales también afecta la corteza prefrontal, la región encargada de la atención, la concentración, el control de impulsos, el manejo de emociones y la toma de decisiones.
Lo crítico es que esa región es la última en desarrollarse. De hecho, el cerebro adolescente no completa su maduración hasta aproximadamente los 29 años. Lo que significa que estás usando intensamente un sistema de recompensas completamente activo, mientras el freno todavía está en construcción.
La propia investigadora lo resumió con una metáfora que no necesita traducción: «Tenemos un auto con un acelerador muy potente y un freno todavía en desarrollo.» Esa condición vuelve a los adolescentes más susceptibles a malos hábitos, presión de pares y problemas de salud mental.
Por qué te importa la adicción a redes sociales y dopamina
Porque no es un problema de fuerza de voluntad. Es neurología. El uso problemático de tecnología comparte características con otras adicciones: pérdida de control sobre el tiempo de uso, deseo intenso o «craving», tolerancia (cada vez necesitas más tiempo para sentir lo mismo), y continuar usándola aunque ya sepas que te está afectando.
Según la ENDUTIH 2024 del INEGI, el 83.1% de la población de 6 años y más en México usa internet, y el grupo de 18 a 24 años es el que más horas reporta: un promedio de 5.7 horas diarias. El Sipinna calculó 4.4 horas diarias de conexión entre menores.
Además, el 81% de los adolescentes aprendió a usar redes sin supervisión de un adulto, y uno de cada cuatro ha sufrido ciberacoso. No son datos de otro país: son México, ahorita.
Si te preocupa cómo te mueves en línea, vale la pena leer también cómo la PDI alerta sobre las amenazas más frecuentes en redes sociales y qué puedes hacer para proteger tu privacidad.
La campaña y el contexto: México no está solo
La propuesta de concientización se suma a una conversación global que ya está produciendo leyes. Australia prohibió desde diciembre de 2025 el acceso a redes sociales para menores de 16 años, con multas millonarias para plataformas que incumplan. Francia fijó una edad mínima de 15 años con verificación obligatoria a partir de 2027. España discute elevarla a 16. El Reino Unido bloqueó funciones adictivas para adolescentes.
En México, ya 16 estados del país tienen algún tipo de regulación, y se han presentado casi 50 iniciativas de legisladores federales en ambas cámaras. El debate ya no es si regular, sino cómo hacerlo sin dejar fuera a los 6 millones de niños y adolescentes que ni siquiera tienen internet en casa.
La Secretaría Ejecutiva del SIPINNA es una de las instituciones que ha documentado el tiempo de conexión promedio entre menores y que participa en las estrategias preventivas vinculadas a estos temas.
Redes sociales y dopamina: ¿qué puedes hacer hoy?
La campaña de concientización no pide que borres tus apps. Pide que seas consciente del diseño. Estas plataformas no son neutrales: cada función —el scroll infinito, las notificaciones, los contadores de likes— fue construida para mantenerte dentro el mayor tiempo posible. Conocer eso ya cambia cómo lo vives.
Algunas señales de uso problemático que vale la pena checar: ¿sientes ansiedad cuando no tienes señal?, ¿abres una app sin haber decidido hacerlo?, ¿el tiempo que planeabas pasar en línea siempre se extiende sin que te des cuenta? No es juicio, es información.
Veinte años es mucho tiempo. La pregunta es si quieres decidir tú en qué los gastas, o dejar que el algoritmo lo haga por ti.




