La protesta IMSS por falta de insumos llegó este 24 de septiembre a su punto más alto: trabajadores activos y jubilados del Instituto Mexicano del Seguro Social marcharon desde el Centro Médico Nacional Siglo XXI hasta la sede del sindicato, con un pliego de demandas que va mucho más allá del salario. Y la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que básicamente no estaban ahí.
La marcha que «no existe», según Palacio Nacional
Días antes de la movilización del 24 de septiembre, Sheinbaum declaró desde su conferencia mañanera: «No hay protestas de médicos a lo largo y ancho del país. No, no, no.» El problema es que al mismo tiempo reconoció movilizaciones en Tabasco, Hermosillo, Sinaloa, Morelos y Veracruz. La contradicción fue instantánea y brutal.
La representante de la delegación de Jalisco del SNTSS lo dijo clarito en entrevista: le recordó a la presidenta que las movilizaciones del sector salud «sí existen», y que pese al apoyo histórico que el gremio le ha dado, en este momento «no existimos para ella». Una frase que resume perfecto el mood de todo un sector.
La respuesta oficial de Sheinbaum fue que «se ha avanzado mucho en el abasto de medicamentos», aunque admitió que no están al cien por ciento. Un reconocimiento a medias que no convenció a quienes están en piso de hospital.
Qué piden los trabajadores en la protesta IMSS
No es solo el dinero. El pliego que llevaron al CEN del sindicato —que encontraron con las rejas cerradas— incluye demandas muy concretas:
- Rechazo al aumento salarial de solo 2.9% al sueldo tabular, de un ajuste ponderado de 8.55% para 2026-2027.
- Mayor abasto de medicamentos, equipo e insumos médicos.
- Contratación de personal para cubrir plazas vacantes.
- Regreso al Régimen de Jubilaciones y Pensiones.
- Rechazo a los cambios a los estatutos sindicales, que los trabajadores consideran una herramienta para silenciar la protesta interna.
- Garantías contra represalias y revisión de notas de demérito.
Ese último punto es clave: los cambios estatutarios no son un tecnicismo aburrido. Los trabajadores —desde Querétaro hasta la Ciudad de México— los leen como una sanción disfrazada, una manera de acallar a quienes se atrevan a organizarse o criticar a la dirigencia. La denominada Ley 136 y las modificaciones al reglamento interno están en el centro de la discusión.
Por qué te importa la protesta IMSS
Piénsalo así: el IMSS atiende a la mayoría de los trabajadores formales en México. Si el personal que opera ese sistema está trabajando con insumos de mala calidad, cubriendo turnos extra sin reemplazo y con ventiladores que simplemente no existen en algunos pisos —como denunciaron enfermeras de Jalisco y CDMX—, eso afecta directamente la atención que tú o tu familia reciben cuando van a urgencias.
No es un conflicto laboral en abstracto. Es la diferencia entre que haya o no haya gasas, alcohol y material quirúrgico cuando más lo necesitas.
Además, la muerte de cinco recién nacidos en un hospital del IMSS en Durango y un brote de sarampión en un hospital oncológico de Veracruz —que costó la vida a dos jóvenes— están en el fondo de este estallido. No es un problema nuevo: la base trabajadora lleva meses señalando condiciones críticas que el gobierno federal prefiere no reconocer públicamente.
El patrón: movilizaciones ignoradas o minimizadas
Esta dinámica ya la hemos visto antes con el gobierno de Sheinbaum: cuando la inconformidad viene de sectores que históricamente han apoyado al movimiento —como los trabajadores de la salud—, la respuesta oficial tiende a ser la minimización. Se reconocen los problemas a regañadientes, se anuncia que «se está atendiendo» y se manda a algún funcionario de gira. En este caso, el director del IMSS Bienestar, Alejandro Svarch, fue enviado a Veracruz.
El patrón también aplica a otras tensiones que el gobierno prefiere manejar en silencio antes de que se salgan de control, algo que ya vimos con el caso de Rocha Moya en Sinaloa, donde Sheinbaum tampoco quiso hablar hasta que fue inevitable.
La protesta IMSS y la pregunta incómoda sobre el sindicalismo oficial
Hay otro nivel en este conflicto: la base trabajadora no solo pelea contra las condiciones laborales, sino contra su propio sindicato. El SNTSS aprobó el acuerdo salarial en congreso, pero la base lo rechaza. Las rejas cerradas en el CEN no las puso el gobierno: las puso la dirigencia sindical.
Eso habla de una fractura interna que los cambios a los estatutos buscarían contener. Si las modificaciones avanzan, criticar públicamente a la cúpula sindical podría tener consecuencias formales. De ahí que los trabajadores las lean como represalia institucionalizada.
La pregunta que queda en el aire: ¿hasta cuándo puede el gobierno federal seguir diciéndole a gente que está en piso de hospital, sin guantes ni ventiladores, que sus protestas «no existen»? Porque ellos ya tienen la respuesta. Y se las están gritando desde el Eje 3 Sur.
En Tiempo Real seguimos de cerca las crisis que el gobierno prefiere no ver. Si esto te importó, compártelo.




