Abrir TikTok y ver una inyección para bajar de peso antes de ver un meme ya no es exageración: es el día a día de millones de jóvenes en la era GLP-1. La relación entre Ozempic, adolescentes e imagen corporal se ha vuelto uno de los debates de salud pública más urgentes —y más ignorados— de esta generación.
El medicamento que se coló en la cafetería y en el feed
Los fármacos GLP-1 —como la semaglutida, principio activo de Ozempic y Wegovy— pasaron de ser tratamientos clínicos para diabetes y obesidad a convertirse en tema de conversación cotidiana entre adolescentes. En 2024, una joven en Melbourne recuerda haber sentido que los medicamentos GLP-1 estaban en todas partes: en los refrigeradores de padres de amigas, en las alfombras rojas y dominando conversaciones en la cafetería de su escuela.
Pero era —y sigue siendo— en redes sociales donde el ruido se escucha con mayor fuerza. Apenas se puede abrir una app sin verse bombardeada con publicaciones y anuncios sobre inyecciones para bajar de peso.
Y el crecimiento del fenómeno en números duros es brutal: los videos etiquetados con #Ozempic en TikTok pasaron de 2 millones de vistas en 2021 a más de 1,200 millones en 2023. No es tendencia. Es avalancha.
¿Pueden los menores usar Ozempic legalmente?
Aquí viene el detalle que casi nadie menciona en esos videos: Ozempic no está aprobado para menores de 18 años. Ozempic (semaglutida) no tiene aprobación de la FDA para adolescentes de 12 a 17 años para ninguna indicación. Es Wegovy —la misma molécula pero en distinta dosis— la que recibió aprobación en 2022 para obesidad en adolescentes.
Wegovy está aprobado para adolescentes a partir de los 12 años con obesidad; Saxenda (liraglutida) también, para mayores de 12 años con peso superior a 60 kg y diagnóstico de obesidad. La diferencia importa: una cosa es el uso clínico supervisado, y otra muy distinta es que adolescentes sin diagnóstico busquen acceso a estos medicamentos por presión estética.
El uso fuera de indicación de Ozempic en este grupo de edad requiere monitoreo cuidadoso de velocidad de crecimiento, densidad ósea, estado nutricional y salud mental. Nada de eso aparece en los reels de «antes y después».
Por qué te importa la imagen corporal de los adolescentes en la era Ozempic
Porque el daño no está solo en quienes se inyectan algo sin supervisión médica. Está en todos los que ven el contenido y redefinen qué significa un cuerpo «sano» o «normal» a partir de él.
Datos del Pew Research Center revelan que para 2025 el 57% de los adolescentes entre 13 y 17 años en EE.UU. usan TikTok constantemente, pero que el 92% de la población hispana utiliza esta red social. De acuerdo con el Centro para la Lucha contra el Odio Digital, las mujeres adolescentes pueden exponerse cada 39 segundos a contenido sobre imagen corporal y salud mental.
Y cuando ya tienes problemas con la comida, el algoritmo te entierra: un estudio publicado por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) revela que el algoritmo de TikTok a adolescentes con trastornos alimentarios les muestra un 4,343% más de contenido relacionado con estos temas.
No es un bug. Es el modelo de negocio.
TikTok Shop y el negocio detrás del cuerpo ideal
El problema se profundizó con la llegada de TikTok Shop. Con esta función, los usuarios no solo pueden vender productos directamente desde la app, sino recibir muestras «gratuitas» a cambio de videos promocionales. Esto ha facilitado la circulación de contenidos que refuerzan narrativas de delgadez como ideal estético, sin advertir sobre efectos secundarios ni riesgos a la salud.
El «skinnytok», un hashtag que se popularizó internacionalmente y que fomentaba la bulimia, anorexia y otras conductas, fue bloqueado por TikTok en 2025. Pero los hashtags se pueden bloquear; la lógica detrás de ellos, no.
Un estudio de 2025 señala que el uso de GLP-1 puede generar expectativas de mejora en la imagen corporal que no se cumplen, y que paradójicamente puede vincularse con mayor insatisfacción corporal. O sea: el remedio refuerza el problema.
Lo que Ozempic le hace a la percepción de salud adolescente
El riesgo más silencioso no es que un adolescente se automedique —aunque eso también pasa— sino que toda una generación normalice la idea de que el cuerpo es un proyecto farmacológico, no un organismo en desarrollo.
Los resultados de investigaciones recientes indican que existe una relación entre el uso excesivo de redes sociales y una baja valoración de la imagen corporal entre adolescentes, y que ese uso excesivo influye negativamente en su autoestima y autoconcepto.
Esto no ocurre en el vacío. Los adolescentes mexicanos son especialmente vulnerables: viven en un entorno donde la violencia, la desaparición y la precariedad ya erosionan su sentido de agencia sobre sus propias vidas. Si a eso le sumas un algoritmo que les dice que su cuerpo tampoco está bien así como está, el daño se acumula. En Tiempo Real hemos documentado cómo los adolescentes y jóvenes son quienes más desaparecen en México; la vulnerabilidad de esta generación tiene muchas caras.
¿Qué se puede hacer? (La respuesta honesta)
No hay solución sencilla porque el problema tiene capas: un mercado farmacéutico que empuja acceso, plataformas que monetizan el malestar y una cultura que lleva décadas premiando la delgadez.
Investigadores en comunicación digital señalan que las familias juegan un rol insustituible: guiar y dialogar sobre los contenidos que los jóvenes ven en redes, hablar abiertamente sobre imagen corporal y autoestima, y consultar con profesionales ante primeros signos de alarma como cambios bruscos en la relación con la comida o preocupación excesiva por el cuerpo.
Pero seamos honestos: poner toda la responsabilidad en las familias es cómodo para las plataformas y para el Estado. Lo que se necesita es regulación real del contenido de salud en redes, supervisión médica seria en el acceso a GLP-1 para menores y, sobre todo, dejar de tratar el cuerpo adolescente como un mercado. Mientras eso no pase, el feed seguirá siendo más rápido que cualquier política pública.
Para entender el contexto más amplio de los riesgos que enfrentan hoy los jóvenes en México, también vale la pena revisar cómo más de 17 mil niñas, niños y adolescentes están desaparecidos según la REDIM: la misma generación a la que el algoritmo le vende cuerpos perfectos es la que el sistema ya perdió de vista.
Con información de El Financiero.




