Las novatadas en escuelas volvieron a estar en el centro del debate nacional después de dos casos que sacudieron al país en julio de 2026: uno en la Normal Rural Mactumatzá de Chiapas y otro en un campamento de verano en Ciudad Madero, Tamaulipas, donde una adolescente de 13 años perdió la vida. Lo que algunos siguen llamando ‘tradición’ tiene, cada vez más, nombre de delito.
Dos casos que ya no se pueden ignorar sobre novatadas en escuelas
En la Escuela Normal Rural Mactumatzá, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, padres de familia salieron a protestar frente al gobierno estatal para denunciar torturas, privación de la libertad y maltrato físico contra alumnos de nuevo ingreso. Una alumna terminó hospitalizada de emergencia por severa deshidratación y extenuación física en su primera semana. Cerca de 20 estudiantes presentaron complicaciones.
Las prácticas denunciadas van más allá de cualquier idea de ‘bienvenida’: no dar agua durante un día completo, entre 300 y 400 sentadillas, tomar café hirviendo en minutos, gatear sobre grava, sostener platos calientes y jornadas bajo el sol que derivaron en desmayos, convulsiones y fracturas. Al menos 70 jóvenes aceptados para el ciclo 2026-2027 abandonaron la institución para no seguir siendo víctimas. Muchos de ellos son jóvenes de comunidades indígenas que ni siquiera conocían la ciudad para poder pedir ayuda.
La Fiscalía General del Estado de Chiapas abrió carpetas de investigación tras recibir cinco denuncias formales, y un equipo multidisciplinario fue asignado al caso.
En Tamaulipas, el caso es aún más grave: Dafne Zapata Quintos, de 13 años, ingresó el 13 de julio a un campamento de verano de la Academia Militarizada Marina Doenitz en Ciudad Madero y murió cuatro días después. La necropsia estableció como causa de muerte asfixia por sumersión. Su madre denunció que su hija fue sometida a violencia durante cuatro días. La Fiscalía de Tamaulipas abrió carpeta por feminicidio, y ya hay varios detenidos, incluyendo al presunto director del plantel.
Por qué te importan las novatadas en escuelas
Quizás piensas que esto pasa en escuelas lejanas o en contextos muy específicos. Pero la realidad es que las novatadas existen en normales rurales, academias privadas, internados y espacios con dinámicas de poder entre estudiantes. Y la línea entre ‘integración’ y abuso no siempre es clara para quien la vive adentro.
Lo que estos casos muestran es un patrón: el poder que tienen generaciones anteriores sobre los recién llegados, combinado con silencio institucional, aislamiento físico y normalización de la violencia. Cuando una persona no puede pedir ayuda, no conoce el lugar y le da miedo hablar, ya no es una bienvenida. Es coerción.
Y tiene consecuencias reales: hospitalizaciones, trauma psicológico, abandono escolar —y en el caso extremo de Tamaulipas, la muerte de una niña de 13 años.
El gobierno reaccionó, pero ¿alcanza?
Tras el caso de Dafne, la Secretaría de Educación Pública (SEP) dejó muy claro su postura: el secretario Mario Delgado afirmó que ningún tipo de educación militarizada está autorizada en México, ni por la SEP ni por la Secretaría de la Defensa Nacional, y ordenó una revisión nacional de estos planteles. Solo en Tamaulipas ya se identificaron cinco escuelas adicionales con modelos similares.
La SEP también señaló algo importante: muchas de estas instituciones tienen permisos regulares de operación, pero ofrecen un modelo educativo que legalmente no existe. Es decir, operan en un vacío legal que les ha permitido hacer lo que quieren puertas adentro.
Puedes consultar los comunicados oficiales de la SEP directamente en sep.gob.mx.
En Chiapas, la situación en la Normal Mactumatzá tampoco tiene respuesta oficial clara aún. Los padres pedían algo concreto: no el cierre del plantel, sino la destitución del comité estudiantil que opera las novatadas. Hasta el momento de publicar esta nota, las autoridades no habían dado una respuesta formal.
¿Cuándo cruzan la línea y se vuelven delito las novatadas en escuelas?
En términos legales, las novatadas pueden configurar varios delitos dependiendo de lo que ocurra: lesiones, tortura, privación ilegal de la libertad, abuso de autoridad o incluso homicidio. No existe una figura llamada ‘novatada’ en el Código Penal, pero sí existen los tipos penales que describen exactamente lo que ocurrió en estos casos.
El problema histórico es que estas prácticas se han normalizado tanto que las víctimas no denuncian, los testigos callan y las instituciones miran hacia otro lado. La dinámica funciona exactamente igual que cualquier otra forma de acoso: el agresor tiene poder, la víctima está aislada y el sistema no interviene a tiempo.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha documentado en múltiples ocasiones que el acoso escolar —en todas sus formas— viola derechos fundamentales de niñas, niños y adolescentes, independientemente de si ocurre entre pares o con la aquiescencia de autoridades.
La cultura del ‘así nos tocó a todos’ tiene fecha de caducidad
Una de las razones por las que las novatadas sobreviven es porque quienes las sufrieron las repiten. ‘A mí también me hicieron lo mismo y aquí estoy.’ Ese argumento, que durante décadas sirvió para justificar el abuso, está colapsando frente a evidencia muy concreta: una niña muerta, decenas de jóvenes hospitalizados y cientos que abandonan sus estudios por miedo.
No es una bienvenida. No construye comunidad. Lo que construye es miedo, obediencia y silencio. Y eso, en cualquier institución educativa —normal rural, academia militarizada o lo que sea— no debería tener cabida.
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Lo que pasó en Chiapas y Tamaulipas no es excepcional. Es la punta de un iceberg que llevamos años eligiendo no ver. La pregunta ahora es si la reacción institucional va a ser suficiente, o si en un año estaremos hablando de otro caso igual.




