Las negociaciones del T-MEC entre México y Estados Unidos retomaron vuelo esta semana en la Ciudad de México, justo un día después de que la administración Trump anunciara aranceles del 50% a productos canadienses que, por primera vez, también alcanzan mercancías protegidas por el propio tratado. El timing no es coincidencia: es el mapa completo de lo que está pasando en América del Norte.
¿Qué está pasando exactamente en estas negociaciones T-MEC?
Del 21 al 23 de julio se celebra en la CDMX la tercera ronda bilateral de revisión del T-MEC entre México y Estados Unidos. La Oficina del Representante Comercial de EU (USTR) confirmó que los equipos negociadores se reunirán tres días para avanzar en temas de acero y aluminio, industria automotriz, seguridad económica, trabajo, agricultura y servicios de pago electrónico.
Del lado mexicano, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, encabeza la delegación. Por parte de EU llega el propio representante comercial, Jamieson Greer, quien reconoció públicamente la colaboración del equipo de Ebrard en los meses previos.
El contexto que nadie te está contando sobre el T-MEC
Para entender por qué estas negociaciones T-MEC importan, hay que saber qué pasó el 1 de julio. Ese día se llevó a cabo la revisión conjunta formal que el propio tratado exige a los seis años de su entrada en vigor. El resultado: EU se negó a renovar el T-MEC en su forma actual. En su comunicado oficial, la USTR fue directa: el acuerdo no se renueva, pero sigue en vigor mientras se negocian las diferencias o hasta que alguna parte lo termine.
Eso significa que México y EU están, técnicamente, operando bajo un tratado que Washington ya decidió no renovar en automático. La presión negociadora es real y se mide en empleos, cadenas de suministro y precios al consumidor de ambos lados de la frontera.
Además, México llega en una posición relativamente cómoda: opera con arancel cero en aproximadamente el 85% de sus exportaciones hacia EU, lo que lo consolida como el mayor exportador hacia ese país. Ese es el argumento central que Ebrard ha puesto sobre la mesa.
Y Canadá, ¿dónde queda en todo esto?
Justo el lunes 20 de julio, un día antes de que arrancara la ronda, Trump firmó una orden ejecutiva que impone aranceles del 50% a la mayoría de los productos canadienses, con entrada en vigor dentro de 30 días. Lo que hace esta medida especialmente grave: por primera vez, los aranceles también alcanzan mercancías que ingresaban a EU bajo las reglas del T-MEC, algo que en rondas anteriores había quedado excluido.
Trump justificó la medida señalando que Canadá mantiene prácticas comerciales que considera «discriminatorias» en sectores como bebidas alcohólicas, automotriz y lácteos. El primer ministro canadiense, Mark Carney, respondió que la medida constituye una violación directa del T-MEC, pero abrió la puerta al diálogo.
La lógica de fondo es clara: Trump negocia bilateralmente con México mientras presiona a Canadá por otra vía. Divide y negocia.
¿Por qué te importan las negociaciones T-MEC México-EU?
Porque no es un tema de cancillería que le pase por encima a tu vida cotidiana. El T-MEC regula el comercio de prácticamente todo lo que México produce y exporta: desde los semiconductores hasta el aguacate, desde los autos hasta el tequila. Si las negociaciones se tuercen, los efectos llegan en forma de precios más altos, menos empleo formal en manufactura y más incertidumbre para las inversiones que generan los trabajos del futuro.
México es actualmente el mayor socio comercial de EU. Eso nos da poder en la mesa, pero también nos hace más vulnerables si la relación se deteriora. Cada ronda de negociación define qué tan cara o qué tan barata va a ser esa vulnerabilidad.
Y hay otra dimensión: la postura de Sheinbaum ha sido insistir en que las negociaciones sean trilaterales, no solo bilaterales. EU ha pedido lo contrario. Sheinbaum incluso negó que haya habido malas negociaciones, señalando que Canadá está en mayor desventaja dentro de este proceso.
¿Qué sigue en la revisión del T-MEC?
Lo que se acuerde —o no se acuerde— en esta tercera ronda va a marcar el tono del resto del proceso. EU ha dejado claro que quiere corregir lo que llama «deficiencias» del tratado y reducir su déficit comercial con México. México quiere preservar las condiciones que lo posicionan como hub manufacturero de América del Norte.
El tratado sigue vigente mientras se negocian las diferencias, pero la certidumbre que históricamente hacía atractivo al T-MEC está en disputa. Como señalan especialistas en comercio internacional, el verdadero activo del acuerdo nunca fueron solo los aranceles: fue la estabilidad de las reglas del juego.
Lo que pase en la CDMX esta semana no va a resolver nada de golpe. Pero sí va a decirte mucho sobre qué tan dispuesto está Washington a negociar de buena fe, y qué tanto margen tiene México para defender lo que ya ganó.



