La lista de periodistas que presentó Luisa María Alcalde el 12 de agosto desde Palacio Nacional no cayó del cielo. Fue el episodio más reciente de una práctica que lleva años instalada en la política comunicacional de la Cuarta Transformación: señalar desde el poder a quienes cubren o critican al gobierno, con o sin nombre y apellido en pantalla.
¿Qué pasó exactamente con la lista de periodistas?
La consejera jurídica del Ejecutivo Federal presentó en el programa Derecho de Réplica —transmitido desde el Salón Tesorería de Palacio Nacional— lo que llamó un «ecosistema de amplificación digital». El análisis, titulado «Anatomía de un ecosistema de amplificación digital en México», cubrió el periodo del 1 de enero al 8 de agosto de 2026 y organizó a sus señalados en cuatro capas.
La primera identificó 54 cuentas con 281 mil 866 publicaciones como «originadoras del mensaje»: medios, analistas y figuras públicas. La segunda, personajes políticos de oposición. La tercera, cuentas anónimas denominadas trolls. Y la cuarta: más de 560 mil cuentas automatizadas en distintos países que, según el gobierno, amplifican artificialmente las críticas.
Entre los nombres visibles en pantalla aparecieron Carlos Loret de Mola, Carmen Aristegui, Ciro Gómez Leyva, Paola Rojas, Denise Dresser, Joaquín López-Dóriga, Héctor de Mauleón y medios como El Universal, Latinus, Aristegui Noticias, ADN 40, Azteca Noticias y la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).
Por qué te importa la lista de periodistas
Porque esto no es solo una pelea de políticos contra reporteros. Cuando el Estado —desde sus instalaciones, con su logotipo y con una funcionaria en representación oficial— proyecta en pantalla nombres de comunicadores categorizados como parte de un «ecosistema de ataque», el mensaje llega con todo el peso institucional detrás.
No importa cómo lo llamen. Como señaló Artículo 19, organización que documenta libertad de prensa en México, el contexto importa: el país sigue siendo uno de los más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Exhibir nombres desde la tribuna del poder no es un gesto neutro.
Y hay algo más: varios de los periodistas señalados por Alcalde son exactamente los mismos que AMLO señaló en 2019. La lista de periodistas cambia de presentador, pero el libreto es el mismo.
El antecedente que nadie debería ignorar: la lista de AMLO en 2019
En mayo de 2019, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador filtró y luego exhibió en conferencia mañanera una lista de 36 periodistas y medios que, según el documento, recibieron contratos por publicidad oficial durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. El monto total: mil 81 millones de pesos entre 2013 y 2018.
El más señalado fue Joaquín López-Dóriga, a quien se le atribuyeron más de 251 millones de pesos a través de diversas empresas. López-Dóriga negó haber recibido dinero del gobierno. El periodista Ricardo Rocha acudió en persona a la mañanera a reclamar que su nombre había sido incluido «tramposamente».
Ese episodio marcó un patrón: la estrategia de usar información (real o reencuadrada) sobre financiamientos y contratos para cuestionar la independencia de la prensa crítica. La narrativa no era «estos periodistas mienten», sino «estos periodistas tienen intereses». Siete años después, Alcalde actualizó la versión: ya no es publicidad oficial del pasado, ahora es una red de bots del presente.
La vuelta de tuerca que incomoda hasta dentro de Morena
Tras la tormenta en redes, Alcalde salió a aclarar vía video: «No hay listas negras ni decimos que los medios estén financiando bots o trolls». Dijo que el análisis buscaba documentar cómo funciona la amplificación artificial, no acusar a nadie de pertenecer a una operación.
Pero el desmentido llegó tarde para contener el debate. Carmen Aristegui advirtió públicamente que «la historia de la humanidad nos ha dicho que cuando un gobierno decide enlistar con nombre y apellido tiene un propósito». El priista Rubén Moreira fue más lejos y equiparó la práctica con la de regímenes históricos autoritarios. El partido Somos México acusó que señalar públicamente a periodistas desde espacios oficiales representa un riesgo para la libertad de expresión y el debate democrático.
Lo que nadie dentro del oficialismo quiso abordar de frente fue el video que circuló en redes: en 2021, la entonces jefa de gobierno Claudia Sheinbaum criticó duramente a la oposición por hacer «listas» de personas según su postura política, citando al macartismo. Hoy, desde la Presidencia, su gobierno hace exactamente eso.
La lista de periodistas y el ecosistema de presión sobre la prensa
Este episodio no ocurre en el vacío. Las restricciones internacionales a periodistas y estudiantes ya generan presión desde afuera; ahora el señalamiento institucional suma presión desde adentro. El Derecho de Réplica es el espacio más reciente de una larga cadena que incluye el segmento ¿Quién es quién en las mentiras de la semana?, activo desde junio de 2021 en la mañanera de AMLO, donde se exhibían supuestas noticias falsas de medios críticos.
La diferencia entre esos antecedentes y la lista de periodistas de Alcalde es de escala: esta vez se presentó con datos de volumen, capas y cuentas, con apariencia de análisis técnico. Eso le da una pátina de legitimidad académica que los calificativos de «prensa fifí» o «chayoteros» nunca tuvieron.
El problema, claro, es que un análisis técnico hecho desde el gobierno sobre sus críticos y presentado en cadena desde Palacio Nacional no es un paper académico. Es política.
¿Qué sigue?
El debate sobre libertad de prensa en México ya era urgente antes del 12 de agosto. En temas como Ayotzinapa, la cobertura periodística ha sido determinante para mantener viva la exigencia de verdad. Que el gobierno use su tribuna para categorizar a la prensa en capas de un ecosistema «de ataque» no ayuda a ese tipo de periodismo a sobrevivir.
El gobierno dice que solo describe lo que existe. Los periodistas señalados dicen que los están marcando. Tú decides con cuál versión te quedas. Pero conviene recordar que la primera lista de periodistas de este movimiento llegó hace siete años, con otro presidente, y muchos de los mismos nombres.




