Rocha Moya: regresó 112 días después y en 24 horas ya pedía otra licencia

Rocha Moya regresó 112 días después proclamando inocencia y en menos de 24 horas ya pedía otra licencia. ¿Qué pasó realmente con la licencia Rocha Moya en

La licencia Rocha Moya en Sinaloa ya tiene capítulo dos, y es más absurda que el primero. El gobernador estuvo fuera 112 días, regresó el viernes 21 de agosto proclamando que volvía «con la frente limpia y en alto», se reunió con su gabinete, con magistrados, con diputados de Morena… y al día siguiente, sábado 22 de agosto, ya estaba pidiendo otra licencia. Menos de 24 horas en el cargo. Alguien le avisó de algo.

El ida y vuelta que nadie entendió

Para situar el contexto: Rocha Moya había regresado a la gubernatura de Sinaloa argumentando que la FGR investigó y no encontró elementos mínimos que lo vincularan con algún delito. Así lo dijo él. Se reincorporó con todo el ritual: mensajes en redes, abrazo institucional, discurso de la continuidad. Y al otro día, segunda solicitud de licencia ante la Diputación Permanente, con fundamento en el artículo 50, fracción VIII, de la Constitución Política del Estado de Sinaloa.

En el documento, fechado el 22 de agosto de 2026 en Culiacán, pide licencia por más de 30 días. Esta vez, sin fecha de regreso clara. La frase oficial de Rocha: «Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación están por encima de todo». Traducción libre: algo salió muy mal y muy rápido.

¿Por qué regresó si iba a volver a irse?

Esa es la pregunta que todo Sinaloa se está haciendo. Una hipótesis que circula fuerte: el regreso del viernes fue un movimiento para demostrar que la licencia anterior era voluntaria, no una huida. Vuelvo, luego existo, luego me vuelvo a ir ordenadamente. Un acto político de imagen más que de gobierno.

Lo que sí sabemos es que en su primera noche de regreso, Rocha Moya se reunió con el senador Enrique Inzunza Cazárez, quien también está en la lista de los acusados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos por presuntos vínculos con la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa. Esa reunión, a puerta cerrada, la noche del viernes. Y al día siguiente: segunda licencia. Conecten los puntos.

Sheinbaum y los gobernadores: nadie aplaudió el regreso

Cuando Rocha reapareció el viernes, Claudia Sheinbaum no lo sabía. Se enteró por el mensaje que él mismo publicó en redes. La presidenta, que ese día canceló agenda por gripa, respondió con un tuit que no dejó lugar a dudas: que «ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la nación». Sin mencionar su nombre, pero todo el mundo entendió a quién iba.

Los gobernadores de Morena siguieron el mismo tono. Firmaron una carta colectiva deslindándose de la decisión de Rocha, calificando su regreso como una determinación «personal» y llamándolo a actuar con «madurez y responsabilidad». En política, cuando tus propios correligionarios te piden que madures en un comunicado público, es que las cosas están muy mal.

¿Por qué te importa la licencia Rocha Moya en Sinaloa?

Porque esto no es un chisme de política local: tiene consecuencias directas sobre un estado que lleva más de un año en crisis de seguridad. Sinaloa acumula los índices de homicidios más altos del país desde que estalló la guerra entre facciones del cártel. Y mientras eso pasa, el gobernador electo lleva cuatro meses fuera, regresa 24 horas, y se va otra vez.

La licencia Rocha Moya en Sinaloa también tiene lectura federal: Estados Unidos acusó a 10 funcionarios y exfuncionarios sinaloenses, incluyendo al senador Inzunza y al alcalde de Culiacán con licencia, Juan de Dios Gámez Mendívil, de presuntos nexos con Los Chapitos. La FGR dijo que pedirá pruebas formales a Washington. Mientras tanto, los señalados se van de licencia, regresan, se vuelven a ir. El gobierno de Trump tiene eso en pantalla.

El factor Washington: ¿le dieron el pitazo?

La coincidencia cronológica es difícil de ignorar. Rocha regresa el viernes proclamando inocencia. El sábado, segunda licencia. La pregunta que mucha gente se hace en voz baja: ¿llegó información de que Estados Unidos estaba por hacer un movimiento? ¿Alguien le avisó que los tiempos se acortaban?

No hay respuesta oficial a eso. Pero el contexto es que la acusación del Distrito Sur de Nueva York —34 páginas, más de una década de supuesta red de corrupción en Sinaloa— sigue activa. La FGR puede decir que no hay pruebas suficientes hoy, pero Washington tiene sus propios tiempos y sus propios mecanismos. Y Rocha lo sabe.

¿Qué sigue para la gubernatura de Sinaloa?

El Congreso de Sinaloa tiene que analizar la nueva solicitud de licencia y nombrar otra vez a quien gobierne de forma interina. La última vez fue Yeraldine Bonilla Valverde, secretaria General de Gobierno, quien fue la primera mujer en gobernar Sinaloa, aunque de forma temporal. Esta vez el proceso está menos claro.

Y mientras eso se resuelve, Sinaloa sigue en vilo. El estado lleva meses con una crisis de gobernanza real: un gobernador electo que no gobierna, acusaciones internacionales sin resolver, y una élite política local que parece más ocupada en sobrevivir políticamente que en administrar.

Que Sheinbaum haya tenido que recordarle a un gobernador de su propio partido que los cargos son pasajeros pero la responsabilidad no dice bastante sobre el estado de las cosas. Si quieres entender por qué esto importa más allá de Culiacán, recuerda que lo que pasa en Sinaloa con el crimen organizado tiene conexión directa con las decisiones de seguridad en el gobierno federal. Este no es un problema local. Nunca lo fue.