Generación Z: resistencia disfrazada de fracaso

14.9 millones de jóvenes en exclusión y 60% en informalidad: la juventud mexicana precariedad no es un mito, es una deuda estructural urgente.

La juventud mexicana precariedad no es un dato menor: 14.9 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años viven fuera de la escuela, sin empleo o en trabajos que no les garantizan ni seguridad social ni un ingreso suficiente para sostenerse. El Día Internacional de la Juventud dejó cifras que incomodan más que celebran.

¿De qué hablamos cuando hablamos de precariedad juvenil?

La Alianza Jóvenes con Trabajo Digno presentó el 12 de agosto un diagnóstico que desnuda la situación: casi la mitad de los jóvenes del país está atrapada en un círculo de exclusión escolar, pobreza o empleo sin derechos. No es una exageración; son los números que arroja la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI.

Y el problema no termina para quien sí tiene chamba. De los 15.4 millones de jóvenes con trabajo, el 60% —unos 9.2 millones de personas— labora en la informalidad: sin IMSS, sin aguinaldo, sin contrato, sin nada. Para dimensionarlo: estamos hablando de casi la misma cantidad de gente que vive en la Ciudad de México entera.

El ritmo actual de la juventud mexicana precariedad: dos generaciones perdidas

Sí, la cifra bajó. En cuatro años, el número de jóvenes en exclusión se redujo en 1.5 millones. Suena bien hasta que haces la cuenta: a ese ritmo, cerrar la brecha tomaría cerca de 40 años. Un joven de 20 años hoy llegaría casi a los 60 antes de que México resuelva lo que debería ser urgente.

Eso no es avance. Eso es administrar el problema para que no explote.

Por qué te importa la juventud mexicana precariedad

Porque probablemente tú o alguien cercano está dentro de esa estadística. Y porque hay un discurso muy cómodo que dice que los jóvenes son apáticos, flojos o que solo necesitan «esforzarse más». La Alianza lo dijo de frente: las causas son estructurales, no individuales. El problema no es la actitud de los jóvenes; es un sistema que no genera suficientes empleos formales, que expulsa a la gente de la escuela antes de terminar el bachillerato —51% no lo ha concluido— y que no tiene red de seguridad para quien cae.

Además, 61% de los jóvenes trabajadores no tiene seguridad social. Eso significa que si te enfermas, si te accidentas, si necesitas atención médica, estás solo. No es cristal; es abandono.

Las mujeres jóvenes cargan con lo que el sistema no quiere ver

La brecha de género es brutal. De los 4.9 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan en el mercado formal, 3.7 millones son mujeres: tres de cada cuatro. Y la mayoría no está «de huevona»: 3.3 millones reportan que no pueden integrarse a la escuela o al trabajo por responsabilidades de cuidado en el hogar —hijos, hermanos, papás enfermos.

El sistema de cuidados en México sigue siendo invisible y no remunerado. Mientras no exista una política real de cuidados, las mujeres jóvenes seguirán siendo las más excluidas. Esto no es un problema de valores; es una deuda estructural.

No es falta de ganas: es falta de condiciones

Este debate tiene cola. Mientras se discuten las condiciones del mercado laboral para la juventud, vale recordar que las negociaciones comerciales de México con sus socios tampoco están exentas de impacto en el empleo formal. Qué tan sólidos sean los acuerdos que abran o cierren mercados importa directamente en cuántos empleos dignos se generan —o no— para esta generación. En esa línea, Sheinbaum ha defendido que las negociaciones del T-MEC no fueron un fracaso, pero la pregunta de fondo sigue en pie: ¿esos empleos van a llegar a los jóvenes que los necesitan?

Lo que la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno pide no es complejo: que las empresas y los tres órdenes de gobierno reconozcan que las juventudes tienen valor, que los procesos de contratación no exijan experiencia que nadie les dejó acumular, y que el trabajo informal deje de ser la única puerta de entrada al mercado laboral.

¿Qué sigue para la precariedad juvenil en México?

La respuesta fácil sería aplaudir que el número bajó. La respuesta honesta es que 14.9 millones de personas —muchas de ellas de tu generación— no pueden esperar 40 años a que el país «encuentre el ritmo». La precariedad juvenil en México no es un fenómeno pasajero: es el resultado de décadas de políticas educativas y laborales que priorizaron otras cosas.

La Generación Z no es de cristal. Es la que nació en crisis, creció en pandemia y hoy sale a un mercado laboral que la recibe con contratos basura o con la puerta cerrada. Pedir condiciones dignas no es quejarse. Es lo mínimo.