19 influencers asesinados: el narco ya tiene su nueva lista negra

19 influencers asesinados en México desde 2024: cómo el narco usa, controla y elimina a creadores de contenido. La crisis que nadie tiene mapeada

Desde 2024, al menos 19 influencers han sido asesinados en ocho estados de México en lo que ya es un patrón reconocible: el crimen organizado usa, persigue y elimina a creadores de contenido cuyas audiencias en redes sociales a veces superan a las de medios tradicionales. La violencia contra este sector no para —y el caso más reciente lo dejó en evidencia frente a miles de espectadores en tiempo real.

Qué pasó: influencers asesinados narco México, el caso que lo detonó todo

El 4 de agosto de 2026, César Gastélum, conocido como «Cesarín», fue acribillado en el estacionamiento de un restaurante de comida rápida en Culiacán, Sinaloa, mientras transmitía en vivo para la plataforma Kick. Tenía más de 700 mil seguidores en TikTok. Las cámaras siguieron grabando.

No fue el primero. El 13 de mayo de 2025, Valeria Márquez, creadora de contenido de belleza de 23 años, fue asesinada dentro de su estética en Zapopan, Jalisco, también durante una transmisión en vivo por TikTok. Las investigaciones señalan que el crimen fue ordenado por una facción del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), supuestamente a petición del hijo de un líder criminal que era novio de la joven. Su caso se investiga bajo el protocolo de feminicidio.

Ambos episodios tienen algo en común perturbador: las cámaras permanecieron encendidas durante los ataques. Hoy, esos fragmentos son pruebas periciales.

El mapa de la violencia: 19 nombres, 8 estados

El recuento es brutal. Durante 2024 se reportaron 4 asesinatos; en 2025 la cifra se disparó a 11; y en lo que va de 2026 ya suman 4. Ocho de los casos ocurrieron en Sinaloa, tres en Guerrero, dos en Jalisco, dos en Nuevo León, y uno cada uno en Baja California, Chiapas, Morelos y Guanajuato.

Entre las víctimas: Juan Carlos, «El Chilango», asesinado en octubre de 2024; Jesús Miguel Vivanco, «El Jasper», hallado con marcas de tortura y 70 impactos de bala en noviembre de ese año; Leobardo Aispuro, «El Gordo Peruci», ejecutado el 9 de diciembre de 2024 en Culiacán. En 2025 cayeron también Justin Paul, «El Pinki»; Adal Peña, «El Tata»; y María de Jesús, de la familia de influencers Los Toys. Fuera de Sinaloa, Gail Castro fue asesinado en un restaurante de Ensenada, y Camilo Ochoa, «El Alucín», murió en un ataque en Temixco, Morelos.

El perfil de las víctimas es diverso: moda, humor, autos, vida cotidiana, denuncia política. No todos tenían vínculos con el narco —en varios casos el móvil permanece bajo investigación o sin resolverse.

Por qué el narco pone en la mira a los influencers asesinados

Especialistas en seguridad identifican al menos tres razones por las que los creadores de contenido se convirtieron en objetivo:

1. Control de narrativa. Los grupos criminales quieren dictar la agenda informativa en sus territorios. Un influencer con medio millón de seguidores puede moldear percepciones, normalizar una facción y silenciar a otra —más efectivo que cualquier comunicado.

2. La guerra de Sinaloa como detonador. Los ataques se aceleraron con el inicio del conflicto entre Los Chapitos y La Mayiza en septiembre de 2024, tras la presunta captura de Ismael «El Mayo» Zambada. En enero de 2025, una avioneta lanzó volantes sobre Culiacán señalando a 25 figuras públicas —entre ellas el cantante Peso Pluma e influencers como Markitos Toys— de tener vínculos con «La Mayiza». Varios nombres en la lista ya aparecían con la leyenda «Eliminado».

3. Relaciones personales. El caso de Valeria Márquez ilustra que no siempre hay un motivo «estratégico»: a veces basta con ser pareja de alguien del mundo criminal.

La capa financiera: la UIF y los 64 investigados

Paralelo a los asesinatos, hay una dimensión que muchos no conocen: la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), dependiente de la Secretaría de Hacienda, investiga al menos a 64 influencers por presuntas operaciones de lavado de dinero. El esquema: perfiles inflados artificialmente con bots y granjas de clics generan ingresos por publicidad que luego se transfieren, parcial o totalmente, a redes delictivas. Las rifas de artículos de lujo sin sustento legal, los contratos con empresas fantasmas y las suscripciones son algunas de las señales de alerta detectadas.

Importante aclararlo: estas investigaciones son sobre personas distintas a la mayoría de las víctimas asesinadas. El nombre de César Gastélum, por ejemplo, no aparecía en los volantes de la avioneta ni en las indagatorias de la UIF. Ser influencer en Sinaloa hoy puede ser peligroso por múltiples razones que no siempre se conectan entre sí. Esto no es un fenómeno monolítico. Es una crisis de seguridad con muchas capas, y el patrón de cómo el crimen organizado penetra espacios públicos —desde las urnas hasta las redes sociales— sigue expandiéndose.

Sin registro oficial, sin protección: el hueco legal que los deja solos

Aquí está el nudo del problema: no existe un registro oficial que clasifique los asesinatos de influencers como categoría específica dentro de las estadísticas criminales del país. Los recuentos son periodísticos, basados en expedientes judiciales y cobertura mediática. Eso significa que el Estado mexicano ni siquiera tiene mapeado formalmente el problema.

Los creadores de contenido no cuentan con mecanismos de protección equiparables a los de periodistas o defensores de derechos humanos. No hay protocolo de alerta temprana, no hay resguardo institucional. Si recibes una amenaza siendo influencer, básicamente estás solo.

Vale la pena recordar que la preocupación por los vectores digitales del crimen va más allá de las redes sociales: como hemos reportado antes, los ciberataques en México aumentaron 38%, y la infraestructura digital en general se ha convertido en terreno de disputa tanto para el crimen organizado como para actores externos.

Por qué te importa la violencia contra influencers en México

Quizás no eres influencer y no vives en Sinaloa. Pero esto importa por una razón concreta: el narco está colonizando el espacio digital que todos habitamos. Cuando un grupo criminal decide qué se puede decir en TikTok o en YouTube de su región, está controlando información que llega a millones de personas. No es un problema de famosos en riesgo. Es un problema de libertad de expresión, de acceso a información veraz, y de hasta dónde llega el poder del crimen organizado en la vida cotidiana.

La impunidad lo consolida: la mayoría de estos homicidios permanece sin sentencia. Mientras eso no cambie, la lista seguirá creciendo.