La noche del sábado 26 de septiembre, Christian Shamed y Gael, dos estudiantes de 17 años de la Preparatoria Número 2 de la UAEM, fueron asesinados a balazos en la colonia Chulavista, Cuernavaca. No son los primeros. No son los únicos. Y la pregunta que se repite en la comunidad universitaria es la misma de siempre: ¿cuántos más van a faltar?
Qué pasó esa noche en Chulavista
Christian y Gael salían de San Antón en motocicleta, rumbo al domicilio de uno de ellos, cuando sujetos armados los interceptaron y les dispararon a corta distancia cerca de las 21:30 horas. Un tercer adolescente de 16 años resultó herido de gravedad; un cuarto joven salió ileso.
La Fiscalía General del Estado de Morelos llegó al lugar, levantó los cuerpos e inició diligencias. En su comunicado oficial, la dependencia señaló que «agotará todas las líneas de investigación» relacionadas con el ataque. Hasta el cierre de esta nota, sin detenidos.
Quienes los conocieron describen a Christian como alguien que apoyaba al sacerdote de la iglesia de San Antón y participaba activamente en actividades comunitarias. A Gael lo recuerdan como un joven dedicado y trabajador. Dos perfiles que no encajan en ningún estereotipo cómodo.
El patrón que ya no se puede ignorar: estudiantes UAEM asesinados, uno tras otro
Este doble homicidio ocurrió apenas 15 días después del feminicidio de Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de 21 años que realizaba un intercambio académico con la UAEM y fue asesinada en Cuautla el 12 de septiembre.
Con Christian y Gael, seis integrantes de la comunidad universitaria de la UAEM han sido asesinados en lo que va del año: Kimberly Joselin Ramos Beltrán, Karol Toledo Gómez, Michelle Itzayana Fuentes, Claudia Tacoronte, Christian Shamed y Gael. A eso hay que sumar la desaparición de Dorian Alí Rodríguez Olivo, estudiante de Nutrición desaparecido en junio.
No es mala suerte. No es coincidencia. Es una crisis de seguridad documentada, acumulada y, hasta ahora, sin respuesta estructural.
Por qué te importa la crisis de estudiantes UAEM asesinados
Porque lo que está pasando en la UAEM es el termómetro de algo más grande: la violencia que normaliza que ir a la prepa, hacer un intercambio o volver a tu casa en moto sea una apuesta de vida.
La rectora Viridiana Aydeé León Hernández exigió a las autoridades «una investigación pronta y exhaustiva» y convocó a los tres órdenes de gobierno a tomar «acciones claras y concretas». La institución lo dijo así en su comunicado: «Nuestras juventudes merecen vivir sin miedo.» Difícil no estar de acuerdo. Fácil quedarse solo en la frase.
La comunidad universitaria ya había parado actividades a principios de año por los feminicidios de Kimberly y Karol. El movimiento Resistencia Estudiantil volvió a pronunciarse. La indignación es genuina, sostenida y completamente ignorada por los números de seguridad del estado.
Qué anunció Sheinbaum y qué no dijo
Este lunes en su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó los asesinatos de estudiantes UAEM como «muy lamentable y muy triste» e instruyó a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, a ponerse en contacto con la gobernadora Margarita González Saravia, con la rectora León Hernández y con los propios estudiantes.
También le dio instrucciones al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, de reforzar operativos específicamente en Cuernavaca, donde —según reconoció la misma Sheinbaum— los homicidios han bajado pero los delitos del fuero común, como robo a transeúntes, han subido.
Lo que Sheinbaum no dijo: cuántos elementos federales se despliegan, en qué zonas exactamente, con qué presupuesto y por cuánto tiempo. El anuncio es coordinación y voluntad. Los detalles operativos, por ahora, brillan por su ausencia. No es la primera vez que esto pasa en Morelos —ni con este gobierno ni con los anteriores— como lo hemos documentado al cubrir el patrón de gobernadores que priorizan sus intereses sobre la seguridad de sus estados.
Morelos: el estado que el gobierno federal ya no puede ignorar
Sheinbaum reconoció que ya existen refuerzos federales en distintas zonas de Morelos, particularmente en Cuautla. Pero Cuautla es también donde fue asesinada Claudia Tacoronte hace apenas dos semanas. El refuerzo, aparentemente, no alcanzó.
La Fiscalía del estado tiene abiertas investigaciones por cada uno de estos casos. Ninguna ha derivado en sentencias condenatorias públicamente conocidas por los crímenes de 2026. La impunidad no es un accidente del sistema: es parte de su funcionamiento.
Y en ese contexto, el movimiento estudiantil de la UAEM sigue exigiendo lo que parece mínimo: saber por qué mueren sus compañeros, y que alguien —quien sea— rinda cuentas. El debate sobre qué pasa dentro de las escuelas no puede desligarse de lo que pasa afuera de ellas.
Lo que sigue
La gobernadora González Saravia no había emitido postura pública al cierre de esta nota. La Fiscalía de Morelos sigue investigando. Rosa Icela Rodríguez tiene la encomienda de hacer llamadas. García Harfuch tiene instrucciones de reforzar Cuernavaca.
Mientras tanto, la UAEM amaneció este lunes, de nuevo, de luto. Christian tenía 17 años. Gael también. Ningún comunicado de coordinación interinstitucional los regresa.




