8 de cada 10 periodistas en CDMX reciben discursos de odio

8 de cada 10 periodistas en CDMX han sufrido discursos de odio, según la IBERO. ¿Por qué esto también te afecta a ti? Te explicamos.

Los discursos de odio contra periodistas en la Ciudad de México ya no son excepción: son la regla. Un estudio de investigadoras de la Universidad Iberoamericana y la BUAP revela que cerca del 80% de los periodistas encuestados han sido víctimas de esta forma de violencia, en un contexto donde la prensa crítica es presentada sistemáticamente como enemiga del Estado.

¿Qué son los discursos de odio contra periodistas y por qué importan?

No hablamos solo de alguien siendo grosero en Twitter. Los discursos de odio contra periodistas son campañas sistemáticas de estigmatización, hostigamiento digital y descrédito que buscan silenciar voces incómodas para el poder. Según la UNESCO, este tipo de violencia discursiva actúa como catalizador de violencia real: primero te destruyen la reputación, luego te neutralizan.

Y la lógica algorítmica de las redes lo potencia todo: las plataformas priorizan contenido polarizante, así que una campaña de odio viaja más rápido y más lejos que cualquier desmentido.

El dato que duele: 8 de cada 10

El estudio presentado por investigadoras de la Universidad Iberoamericana y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla es contundente: cerca del 80% de los periodistas encuestados han sido blanco de discursos de odio. No es un fenómeno aislado ni una racha mala. Es un patrón.

Este patrón no nació solo. Tiene historia y tiene arquitectos. Durante años, desde tribuna oficial se normalizó presentar a la prensa crítica como traidora, vendida o enemiga del pueblo. El resultado: una sociedad que desconfía de quienes deberían ser su principal fuente de información verificada, y periodistas que ejercen su trabajo bajo una presión psicológica brutal. No es casualidad que este fenómeno esté vinculado directamente a la estrategia de señalamiento de periodistas desde el poder político, una práctica que dejó huella institucional.

La credibilidad de los medios: en caída libre

El daño colateral más grave de esta violencia discursiva es lo que le pasa a la confianza pública. La credibilidad de los medios de comunicación en México ha caído más de 17 puntos en la última década, de acuerdo con datos referenciados por la IBERO. Hoy, apenas 3 de cada 10 mexicanos confían en las noticias que consumen, según el Digital News Report 2025 del Instituto Reuters.

Para dimensionarlo: hace 15 años, 7 de cada 10 mexicanos confiaba en los noticieros de televisión. Ese colapso de confianza no es solo un problema de los medios, es un problema de todos: sin información confiable, las decisiones democráticas se toman en la oscuridad.

CDMX: el epicentro de las agresiones

La capital concentra el mayor número de agresiones documentadas contra periodistas en el país, con 84 casos registrados solo en el último año según Artículo 19, muy por encima de Puebla (39) o Veracruz (34). Y eso que hablamos solo de las agresiones documentadas.

El perfil de estas agresiones también ha evolucionado. Ya no es solo violencia física. El acoso judicial contra periodistas aumentó 143% en comparación con 2024, con casos que usan el aparato legal como arma de censura. El silencio se construye también con leyes, con opacidad y con discursos estigmatizantes —como lo advirtió el propio director regional de Artículo 19.

Por qué te importan los discursos de odio contra periodistas

Quizás piensas que esto es un problema de los periodistas, no tuyo. Pero fíjate en la cadena: discurso de odio → descrédito de la prensa → desconfianza generalizada → ciudadanía desinformada → decisiones políticas sin escrutinio. Al final, quien pierde no es el periodista, eres tú.

Cuando una sociedad normaliza atacar a quienes informan, lo que sigue es que nadie informe. Y ya hemos visto qué pasa cuando los gobiernos operan sin una prensa que los vigile. El patrón no es exclusivo de México: desde la Casa Blanca hasta Palacio Nacional, la hostilidad hacia la prensa como estrategia de poder es un manual que se replica. Si quieres un ejemplo reciente de cómo se ve esto en otras latitudes, recuerda lo que Trump le dijo a una reportera de CNN en conferencia de prensa: el desprecio institucional a la prensa tiene consecuencias reales.

¿Y ahora qué?

El diagnóstico ya existe. Los datos son claros. Lo que falta es voluntad política para dejar de usar a los medios como blanco y empezar a tratarlos como lo que son: un componente esencial de cualquier democracia que se tome en serio a sí misma.

Mientras eso no pase, 8 de cada 10 periodistas seguirán escribiendo con el odio encima. Y nosotros seguiremos consumiendo información en un ecosistema roto.

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