El decomiso de El Mayo Zambada acaba de convertirse en el nuevo frente diplomático entre México y Estados Unidos. Después de que el juez federal Brian Cogan sentenciara el 20 de julio de 2026 al cofundador del Cártel de Sinaloa a cadena perpetua y ordenara el decomiso de 15 mil millones de dólares, la presidenta Claudia Sheinbaum encargó a la Fiscalía General de la República (FGR) revisar si México tiene argumentos legales para reclamar parte de ese dinero. El problema: nadie sabe si ese dinero existe de verdad.
¿Qué pasó exactamente con el decomiso de El Mayo Zambada?
El lunes 20 de julio de 2026, en una audiencia que duró apenas 35 minutos, el juez Brian M. Cogan cerró formalmente décadas de crimen organizado dictando cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional para Ismael ‘El Mayo’ Zambada García, de 76 años. La sentencia llegó después de que Zambada se declarara culpable el 25 de agosto de 2025 de encabezar una empresa criminal continua y participar en una conspiración de delincuencia organizada bajo la ley RICO de Estados Unidos.
La corte federal del Distrito Este de Nueva York, en Brooklyn, también incorporó una sentencia monetaria de decomiso por 15 mil millones de dólares, cifra equivalente a más de 261 mil millones de pesos mexicanos. Esa cantidad, según los fiscales estadounidenses, refleja las ganancias del Cártel de Sinaloa bajo el liderazgo de Zambada a lo largo de casi cuatro décadas de tráfico de cocaína, heroína, metanfetamina y fentanilo.
Durante la audiencia, Zambada tomó la palabra para pedir perdón a las víctimas y llamar al fin de la violencia en México. «Nadie gana en este tipo de guerra», dijo ante el tribunal.
México quiere su parte del decomiso de El Mayo Zambada, pero hay trampa
Al día siguiente de la sentencia, en su conferencia mañanera del 21 de julio, Sheinbaum fue cuestionada directamente: ¿México va a reclamar ese dinero? La respuesta fue cauta pero clara: «Vamos a ver con la Fiscalía. Normalmente se hace», dijo la mandataria, añadiendo que le pediría a la fiscal Ernestina Godoy que informara al respecto.
Aquí está la trampa que no te cuentan: la orden judicial no significa que ese dinero ya esté en manos del gobierno estadounidense. Una sentencia monetaria de decomiso fija la cantidad que EU puede buscar recuperar, pero su cobro depende de identificar, asegurar y ejecutar sobre bienes concretos del condenado. Hasta ahora, nadie ha confirmado que esos 15 mil millones de dólares hayan sido localizados o recuperados.
La propia Sheinbaum lo reconoció: «No quiere decir que lo hayan decomisado, quiere decir que es parte de la resolución que se está planteando». O sea: es una cifra judicial, no un maletín lleno de efectivo esperando destinatario.
¿Por qué te importa el decomiso de El Mayo Zambada?
Porque si México logra reclamar aunque sea una fracción de esos recursos, podría representar uno de los aseguramientos económicos más importantes de la historia del país vinculados al crimen organizado. Y porque el mecanismo para hacerlo revela todo sobre cómo funciona (o no funciona) la cooperación bilateral México-EU.
Las reglas del Departamento de Justicia de Estados Unidos sí permiten transferir activos decomisados a un gobierno extranjero, pero solo si ese gobierno participó directa o indirectamente en el aseguramiento o decomiso. El problema: México no participó en la operación que llevó a Zambada a suelo estadounidense en julio de 2024, un traslado que el gobierno mexicano calificó de engañoso y que detonó una crisis diplomática. La entrega de esos activos, en cualquier caso, es discrecional y no es un derecho automático.
La FGR tendría que demostrar que existe una vía jurídica —ya sea por tratados bilaterales, acuerdos de cooperación o mecanismos de asistencia judicial— para intervenir en la recuperación de activos. La Fiscalía deberá evaluar también si México puede argumentar reparación del daño, dado que las operaciones del Cártel de Sinaloa causaron violencia y destrucción directamente en territorio nacional.
El contexto que nadie menciona: la traición que complica todo
El caso de Zambada llega a esta etapa gracias a uno de los episodios más turbios del narco mexicano reciente. En julio de 2024, El Mayo fue trasladado a territorio estadounidense en circunstancias que México nunca reconoció como una extradición formal. El gobierno de Sheinbaum exigió explicaciones y señaló que hubo engaño. Ese antecedente es relevante porque, precisamente, México no fue parte del proceso que resultó en su captura, lo que debilita cualquier argumento de participación conjunta ante las autoridades de EU.
Ahora que la sentencia ya está dictada, la estrategia cambia: si no puedes reclamar como socio en la captura, tal vez puedas hacerlo como víctima del daño causado. Esa es la apuesta de la FGR. El proceso es largo, incierto y sin garantías. Mientras tanto, el Buró Federal de Prisiones de Estados Unidos definirá en qué cárcel pasará el resto de su vida el cofundador del Cártel de Sinaloa —su defensa pide que sea un centro médico, lejos de la prisión de máxima seguridad en Colorado donde ya está El Chapo Guzmán.
Lo que sigue: ¿habrá dinero real o solo promesas?
La FGR tiene que responder varias preguntas antes de que esto sea algo más que un anuncio político: si hay bienes identificados y asegurados, si existe un mecanismo legal aplicable, si México puede presentar una solicitud formal y en qué plazo. Sheinbaum no dio fechas ni porcentajes. Por lo pronto, todo es una revisión.
Lo cierto es que este capítulo abre una discusión que va más allá del narco: ¿tiene México derecho a exigir reparaciones por décadas de crimen organizado que operó con impunidad dentro de su propio territorio? ¿Puede hacerlo sin haber sido parte activa del proceso judicial que condenó a Zambada? Son preguntas que la FGR tendrá que responder con argumentos, no con conferencias de prensa. Y mientras tanto, el contexto geopolítico entre México y EU sigue siendo complicado: en este mismo período, ambos países han navegado tensiones en temas tan distintos como la soberanía deportiva —recordemos que España ganó el Mundial y la afición en México lo festejó— hasta disputas económicas y migratorias. La relación bilateral nunca ha sido tan transaccional, y ese contexto importa para saber si EU va a ceder o no parte de ese decomiso.




