La presidenta Claudia Sheinbaum se pronunció a favor de restringir los celulares en escuelas de todo el país —incluyendo a los propios maestros— y de recuperar el papel y el lápiz como herramientas centrales del aprendizaje. La propuesta llegó el 27 de agosto en la Mañanera del Pueblo, a días del arranque del ciclo escolar 2026-2027.
Qué dijo exactamente Sheinbaum sobre los celulares en escuelas
Sin rodeos, la mandataria fue directa: «Mi opinión es que sí debe restringirse el uso de celulares en las escuelas». No lo planteó como sugerencia vaga sino como una posición clara del gobierno federal. El argumento central es el impacto que el uso excesivo de plataformas digitales tiene en el desarrollo cognitivo, la conducta y el crecimiento de niñas, niños y adolescentes.
La restricción no se limitaría a las horas de clase. Sheinbaum señaló que durante los recreos también se debe fomentar que los estudiantes jueguen, conversen y construyan relaciones entre compañeros, en lugar de quedarse cada uno pegado a su pantalla. La intención, explicó, no es solo quitar dispositivos sino recuperar el vínculo social como parte de la formación escolar.
¿Y los maestros también pierden el celular?
Aquí está el dato que más levantó ceja: la propuesta alcanzaría también al personal docente dentro de las aulas. No es un chisme de pasillo; es parte de la discusión que el gobierno federal está impulsando antes de definir la regulación nacional. La idea es que el aula sea un espacio libre de pantallas para todos, no solo para los alumnos.
Eso sí, Sheinbaum fue cuidadosa en un punto: ella no va a tomar la decisión sola. Anunció que el 24 y 25 de agosto, durante la fase intensiva de los Consejos Técnicos Escolares (CTE), se consultó la opinión de más de un millón de docentes de educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, de más de 200 mil escuelas en las 32 entidades. El resultado de esa consulta alimentará la propuesta que se lleve al Consejo Nacional de Autoridades Educativas, donde participan los secretarios de Educación de todos los estados.
Por qué te importa la restricción de celulares en escuelas
Seamos honestos: la mayoría de quienes leen esto pasaron su secundaria mandando mensajes debajo del pupitre. Pero el debate ya no es si el celular distrae en clase —eso está más que claro— sino qué tan profundo es el daño.
Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa, participó en la Mañanera y documentó cómo entre 2010 y 2015 la infancia pasó de estar basada en el juego a estar basada en el teléfono. El 70% de madres y padres de familia en México ya están de acuerdo en que no se usen celulares durante todo el horario escolar, según datos citados por la propia Sheinbaum. Eso no es poca cosa.
Y el contexto internacional empuja en la misma dirección: 79 países ya tomaron alguna medida para regular los dispositivos en escuelas. Australia prohibió las redes sociales a menores de 16 años. En Estados Unidos, tribunales han sancionado a Meta por efectos comprobados en la salud mental de jóvenes. México llega tarde a la conversación, pero parece que ya llegó.
Qué tan avanzada está la regulación de celulares en escuelas en México
No es una idea nueva que salió de la nada en agosto. 16 estados de la república ya tienen alguna disposición para limitar los celulares en las escuelas. La Ciudad de México aprobó en mayo de 2026 reformas a su Ley de Educación para regular el uso en escuelas públicas y privadas de educación básica. La norma establece que los estudiantes no pueden usar teléfonos durante clases, salvo para actividades pedagógicas autorizadas o emergencias.
Lo que Sheinbaum plantea ahora es llevar eso a nivel nacional: una política homogénea que no dependa de en qué estado vivas para que tu salón sea un espacio sin pantallas. La decisión final se esperaba para finales de agosto, justo antes del inicio del ciclo 2026-2027.
Por cierto, este no es el único tema donde Sheinbaum ha tenido que equilibrar postura personal y consenso institucional. Algo similar pasó cuando le pidió a un funcionario en su gira que no cumpliera una norma, lo que generó polémica sobre hasta dónde llega el «sentido común» como criterio de gobierno.
Lo que sigue y lo que no está claro todavía
La consulta al magisterio ya ocurrió. Ahora viene lo difícil: traducir un millón de opiniones en una política coherente que no termine siendo letra muerta. Históricamente, México es bueno legislando y malo implementando. La pregunta real no es si habrá restricción —todo apunta a que sí— sino cómo se va a aplicar, quién va a supervisar y qué pasa cuando un maestro o director no quiera hacerlo cumplir.
También queda pendiente la otra parte del debate: la regulación de inteligencia artificial en entornos educativos, que Sheinbaum reconoció que seguirá discutiéndose más adelante. Los celulares son el primer paso; las IA generativas en el aula son el siguiente problema que nadie sabe muy bien cómo abordar.
Lo que sí es claro es que el modelo de «cada quien con su pantalla» en la escuela tiene los días contados, al menos en el discurso oficial. Si eso se convierte en realidad depende, como casi todo en este gobierno, de la ejecución.




