El expresidente Felipe Calderón volvió al centro del debate este 30 de septiembre con una advertencia que no pasó desapercibida: la captura del Estado en México ya no es una metáfora ni una amenaza futura, sino un proceso en marcha. Lo dijo en el cuarto Foro América Libre, en la Ciudad de México, frente a una audiencia de organizaciones y líderes de derecha latinoamericana.
Qué dijo Calderón y dónde lo dijo
El foro reunió a figuras conservadoras de la región. Ahí, el exmandatario fue directo: «No estamos hablando de un problema meramente de drogas, es riesgo de captura del Estado, que es la verdadera amenaza.» Acto seguido, señaló que el gobierno actual trata a la oposición como su principal enemigo, cuando debería enfocarse en el crimen organizado.
Calderón también llamó a los partidos opositores a abrirse a la participación ciudadana, reconociendo que antes de las elecciones de 2024 planteó propuestas para fortalecer su organización territorial y no fueron atendidas. No fue sólo discurso anti-gobierno: fue, en parte, autocrítica.
El caso Rocha Moya: la acusación que usó como evidencia
El argumento central de Calderón giró en torno al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. El 29 de abril de 2026, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York presentó cargos formales contra Rocha Moya y otros nueve funcionarios y exfuncionarios del estado, acusándolos de conspirar con el Cártel de Sinaloa.
Según el documento oficial del Departamento de Justicia de EE. UU. — disponible en justice.gov — la acusación sostiene que operadores vinculados a «Los Chapitos» robaron papeletas, secuestraron e intimidaron a candidatos rivales para favorecer la llegada de Rocha Moya al poder en 2021. A cambio, él habría prometido protección a las operaciones del cártel en reuniones custodiadas por sicarios armados.
Rocha Moya rechazó categóricamente las imputaciones. A la fecha permanece con licencia indefinida y sin una orden de detención ejecutada en México.
Por qué te importa la captura del Estado en México
Porque no es un concepto académico: es la diferencia entre tener un gobierno que te falla y vivir en un territorio donde quien realmente manda no tiene que rendir cuentas ante nadie.
Las elecciones de 2024 fueron las más violentas de la historia moderna del país. Según datos de la consultora Integralia, 37 candidatos fueron asesinados durante ese proceso electoral — uno más que en 2021 —, lo que convirtió esa jornada en un récord histórico. Los estados más golpeados fueron Chiapas, Guerrero y Michoacán.
Si el crimen organizado puede decidir quién llega a gobernar un estado entero mediante secuestros e intimidación, el debate político deja de tener sentido. No importa por quién votes si los candidatos viables ya fueron seleccionados a balazos.
La captura del Estado y el elefante en la habitación
Aquí viene el dato incómodo que no se puede ignorar: Calderón habla de captura del Estado como si fuera un fenómeno nuevo o exclusivo de sus adversarios. Pero Genaro García Luna, su secretario de Seguridad Pública durante todo su sexenio (2006-2012), fue sentenciado en Estados Unidos por colaborar activamente con el Cártel de Sinaloa. No es un rumor: es sentencia firme de un tribunal federal estadounidense.
Eso no invalida necesariamente lo que Calderón dice hoy sobre Rocha Moya o sobre la penetración del crimen en las instituciones. Los hechos del caso de Nueva York son reales y documentados. Pero sí obliga a escucharlo con una ceja levantada.
Sheinbaum responde (o más bien, no responde)
Horas antes del foro, la presidenta Claudia Sheinbaum ironizó durante su conferencia mañanera sobre la participación de Calderón en el encuentro. Sin entrar en los argumentos de fondo. Sin mencionar la acusación contra Rocha Moya. Sin explicar por qué el gobernador sinaloense sigue sin ser detenido en México pese a los cargos en su contra.
Esa evasión, precisamente, es lo que le da oxígeno a la narrativa de Calderón.
¿Alarma real o uso político?
Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. La captura del Estado en México es un riesgo documentado, con acusaciones formales, datos de violencia electoral y un patrón de impunidad institucional que no empezó con este gobierno ni terminará con el siguiente. Calderón lo usa políticamente, sí — está construyendo narrativa de unidad opositora de cara a lo que sigue. Pero los datos que cita no son inventados.
El problema de fondo va más allá de quién lo dice. Y para entenderlo hay que leer entre líneas: cuando el sistema educativo se deteriora y el Estado pierde legitimidad desde las aulas, como alertó la OCDE con los resultados de PISA 2025, el terreno para que otros actores llenen ese vacío se vuelve más fértil. La captura del Estado no empieza con un narco en la gubernatura: empieza mucho antes, cuando las instituciones dejan de funcionar para la mayoría.
La pregunta que nadie en ese foro hizo en voz alta: ¿cómo se reconstruye un Estado que lleva décadas siendo erosionado, y quién tiene credibilidad moral para liderarlo?




