El calentamiento global de 1.5°C ya no es una advertencia futura: el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) confirmó este 2 de septiembre que superar ese umbral es inevitable en los próximos años, y que el verdadero reto ahora es gestionar el daño y encontrar la forma de regresar.
El nuevo informe del PNUMA sobre el calentamiento global de 1.5°C
El documento, titulado Off Target, es contundente: décadas de compromisos climáticos no se tradujeron en reducciones reales de emisiones. La dependencia de los combustibles fósiles y la lentitud de los gobiernos para actualizar sus metas nacionales son los principales culpables. El desafío ya no es evitar sobrepasar 1.5°C, sino gestionar ese rebasamiento.
El secretario general de la ONU, António Guterres, lo dijo sin rodeos: «La lucha por los 1.5 grados es la lucha por la humanidad». Y la directora del PNUMA, Inger Andersen, fue igual de directa: «No hay buenos resultados si las temperaturas se mantienen por encima de 1.5°C de forma continuada».
¿Qué pasa exactamente si superamos el límite de calentamiento global?
Los impactos no llegan todos de golpe el día que el termómetro marca 1.5°C, pero se intensifican con cada fracción adicional de grado. Según el PNUMA, el escenario incluye:
- Fenómenos climáticos extremos más frecuentes e intensos: olas de calor, sequías, inundaciones, incendios forestales.
- Destrucción de ecosistemas y pérdida masiva de biodiversidad marina. Entre 1991 y 2025, los días con olas de calor marinas se triplicaron a escala mundial.
- Sumersión de islas y ciudades costeras a baja altura.
- Graves consecuencias para la salud humana, la seguridad alimentaria y el suministro de agua.
- Riesgo de cruzar puntos de no retorno: deshielo de las capas de hielo de la Antártida occidental y Groenlandia, degradación de la selva amazónica y alteración de las corrientes del Atlántico.
El calor extremo ya mata: se estiman 489,000 muertes anuales relacionadas con el calor entre 2000 y 2019, según la Organización Meteorológica Mundial.
El escenario más optimista tampoco es bueno
Incluso en el mejor caso posible que contemplan los datos —un pico de 1.8°C del que se lograría regresar antes de que acabe el siglo—, algunas comunidades ya habrán sufrido pérdidas irreversibles y cambios permanentes en sus condiciones de vida. El propio informe lo reconoce: «Esta no es, en absoluto, una vía aceptable ni preferible: es simplemente la mejor opción que nos queda».
Sin acción rápida, la trayectoria actual apunta a un calentamiento de 2.3°C a 2.5°C para finales de siglo, lo que activaría puntos de inflexión climática irreversibles a escala planetaria.
Por qué te importa el calentamiento global de 1.5°C
Porque no es un problema de futuro lejano. El año 2024 fue probablemente el primer año calendario en superar el umbral de 1.5°C, con una temperatura media global de 1.55°C sobre los niveles preindustriales, marcando un récord en 175 años de observaciones. Y hay un 70% de probabilidad de que el promedio del periodo 2025-2029 también supere ese umbral.
En México y América Latina, las consecuencias ya son visibles: sequías más largas, lluvias más intensas y concentradas, temporadas de huracanes más activas y olas de calor que rompen récords cada verano. El cambio climático no es abstracto; ya está presionando la seguridad alimentaria, el agua y la salud de millones de personas.
Y si te preocupa cómo los sistemas de registro e identidad responden a estas crisis, vale la pena estar al día en cómo el gobierno gestiona tu información: justo como pasó con el registro obligatorio de celulares por CURP y las fechas por último dígito, las políticas de adaptación climática también van a requerir que el Estado sepa quién eres y dónde estás para protegerte.
¿Qué propone el PNUMA para frenar el calentamiento global?
El informe recomienda tres fases de acción simultánea: respuesta inmediata, adaptación y contención, y resiliencia a largo plazo. En concreto:
- Reducción drástica de emisiones para alcanzar cero emisiones netas.
- Medidas urgentes de adaptación para proteger a las comunidades más vulnerables.
- Extracción de CO₂ de la atmósfera mediante restauración de ecosistemas, forestación y tecnologías de captura directa de carbono.
El PNUMA es claro en que estas tecnologías de extracción no sustituyen la reducción de emisiones: son un complemento que requiere marcos de gobernanza sólidos para no generar efectos negativos. Además, las Naciones Unidas recuerdan que los países con mayor responsabilidad histórica deben actuar más rápido y con mayor ambición.
El fondo del asunto: mitificación vs. adaptación
Aquí está el debate real: durante años, la narrativa dominante fue «si reducimos emisiones, evitamos el desastre». Ese momento ya pasó. El nuevo consenso científico dice que hay que hacer las dos cosas a la vez: seguir reduciendo emisiones para minimizar el daño futuro, y construir ya las políticas de adaptación para sobrevivir el presente.
Lo que el PNUMA pone sobre la mesa esta semana no es un obituario del planeta. Es, más bien, una factura por décadas de inacción que ahora hay que pagar con intereses. La pregunta no es si vamos a sufrir consecuencias —ya las estamos sufriendo—, sino cuántas generaciones van a cargar con ellas.




