El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, anunció desde Panamá que Estados Unidos planea llevar sus ataques en tierra contra cárteles de toda Latinoamérica, ampliando una ofensiva militar que ya lleva más de 200 muertos en el mar. La advertencia incluyó una referencia directa al fentanilo en México, y abrió una pregunta que no tiene respuesta fácil: ¿qué tan lejos está dispuesto a llegar Washington?
Qué dijo exactamente Hegseth sobre los ataques en tierra
Durante su visita a Panamá, Hegseth fue contundente: quiere replicar en tierra lo que ya hace en el mar. «Será el mismo efecto en tierra, y por eso estamos trabajando con Ecuador, Colombia, con socios para llevar la lucha a los DTO [organizaciones designadas terroristas] en tierra», declaró el secretario de Defensa.
La frase que más encendió alarmas fue esta: «Donde quiera que trafiquen drogas o amenacen al pueblo estadounidense o a nuestros socios, son un objetivo.» Hegseth remarcó que la advertencia va «en serio», desde el tráfico de cocaína hasta el fentanilo en las plazas de México, y definió a los remanentes de las guerrillas colombianas como «objetivos legítimos».
El contexto: qué hay detrás de los ataques en tierra
Esto no salió de la nada. Desde septiembre de 2025, la administración Trump opera la llamada Operación Southern Spear, una campaña de bombardeos aéreos contra embarcaciones señaladas como narcolanchas en el Caribe y el Pacífico oriental. El saldo documentado hasta hoy: al menos 221 personas muertas en más de 60 ataques.
El anuncio de Hegseth en Panamá se enmarca en la Coalición Anticárteles de las Américas, una alianza de 19 países encabezada por Estados Unidos. Los planes de operaciones antidrogas terrestres podrán ampliarse a «dondequiera» que operen grupos del narcotráfico, según el propio secretario de Defensa. Los socios confirmados hasta ahora incluyen a Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Honduras y Perú.
México: mencionado pero fuera de la coalición
Aquí está el nudo: México no forma parte de la Coalición Anticárteles de las Américas, pero Hegseth lo mencionó explícitamente al hablar del fentanilo como prioridad de seguridad para Washington. Eso no es un detalle menor.
Por ahora, el Pentágono no ha anunciado ninguna operación terrestre específica dentro de territorio mexicano, ni ha dado fechas, lugares o blancos concretos. Pero en mayo pasado, Hegseth ya había lanzado un mensaje desde el Congreso: «Den un paso adelante para que nosotros no tengamos que hacerlo.» La presión lleva meses acumulándose.
El gobierno mexicano, por su parte, ha sostenido que cualquier cooperación en materia de seguridad debe respetar la soberanía nacional. Esa postura choca de frente con la lógica de Washington, que se reserva el derecho de actuar «donde quiera» que detecte una amenaza.
Por qué te importan los ataques en tierra contra cárteles
Porque no es un tema lejano de política exterior: es una discusión sobre si un gobierno extranjero puede decidir unilateralmente que algo que pasa en tu país es una amenaza militar y actuar en consecuencia, sin pedirte permiso. Eso tiene nombre en derecho internacional y se llama violación de soberanía.
Además, el historial de la campaña marítima ya muestra el costo humano de esta lógica. Según el informe «Killing Spree» de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), la mayoría de las víctimas de los ataques en el Caribe no son capos del narco, sino personas en situación de vulnerabilidad económica: pescadores, migrantes, tripulantes. Y la estrategia, según el mismo análisis, no ha logrado reducir la oferta de cocaína en el mercado estadounidense.
Hegseth lo tiene resuelto de otra manera: «No vamos a pasarlos por un proceso judicial donde sabemos que serán liberados.» Eso, para organizaciones de derechos humanos, es exactamente la definición de ejecución extrajudicial.
La lógica detrás: cárteles = terroristas
La administración Trump lleva meses construyendo el marco legal que justifica todo esto. Al designar a los cárteles como organizaciones terroristas, Washington se otorga la misma autoridad con la que fue a Irak o Siria. Hegseth lo dijo explícitamente: compara a los cárteles con ISIS y Al-Qaeda, y promete tratarlos igual.
Esa clasificación es clave porque permite usar fuerza militar sin declaración de guerra, sin proceso judicial y, potencialmente, en territorio de países aliados o no aliados. El problema es que esa lógica ya está siendo cuestionada incluso en Estados Unidos: WOLA documentó que el gobierno opera con una lista secreta de grupos designados como terroristas, sin transparencia pública sobre los criterios.
Lo que sigue
La escalada es real. Washington ya pasó de retórica a bombas en el mar; ahora anuncia que quiere hacer lo mismo en tierra. Si estás siguiendo cómo México navega esta relación con EU —entre la presión arancelaria, la cooperación militar «sin precedentes» y la defensa de la soberanía— esto es una pieza más del mismo tablero.
Y si te interesa entender cómo las decisiones de Washington afectan lo que pasa en México más allá de la seguridad, vale la pena notar que la misma administración que habla de bombardear cárteles también usa mecanismos de presión en otros frentes: por ejemplo, la reconfiguración de instituciones bajo presión externa tiene efectos en cadena que van desde la seguridad hasta la educación. El contexto siempre importa.
Por lo pronto, Hegseth dejó claro que la guerra contra el narco ya no se va a pelear solo en el mar. La pregunta es en qué tierra exactamente, y quién va a pagar el costo.




