El ataque en la secundaria de Torreón ocurrido este 1 de octubre sacudió a toda la comunidad escolar de Coahuila y encendió alarmas sobre la seguridad en los planteles educativos del país: una subdirectora murió y tres personas más resultaron heridas, entre ellas dos estudiantes, uno de ellos en estado grave.
¿Qué pasó en la secundaria de Torreón?
Entre las 8:30 y las 9 de la mañana, dos jóvenes encapuchados irrumpieron en la Escuela Secundaria General Número 13 «Justo Sierra Méndez», ubicada en el ejido La Unión, en Torreón, Coahuila. Según testimonios del personal del plantel, los agresores se colaron al entrar detrás de una maestra que ingresaba al inicio del día.
Lo que siguió fue brutal. El ataque se desarrolló en dos puntos distintos del inmueble: primero en el área de los baños y después directamente dentro de un salón de clases. Los jóvenes portaban machetes y artefactos similares a petardos o bombas molotov. Las detonaciones que se escucharon en la zona generaron confusión inicial sobre si había armas de fuego involucradas, pero la Fiscalía descartó esa hipótesis de manera preliminar.
Fue el propio personal de la escuela, apoyado por padres de familia y vecinos, quienes lograron reducir a los agresores y entregarlos a las autoridades. Al momento de ser retenidos, les fueron asegurados un machete y bombas molotov.
¿Quiénes son los responsables del ataque en la secundaria de Torreón?
El fiscal general de Coahuila, Federico Fernández Montañez, confirmó que los dos detenidos son hermanos, tienen 18 años y fueron exalumnos del mismo plantel. Ambos quedaron a disposición del Ministerio Público mientras se avanzan las investigaciones para establecer el móvil exacto.
Una línea de investigación preliminar apunta a un posible conflicto personal o sentimientos de rechazo hacia integrantes de la institución, aunque el fiscal advirtió que se trata de una hipótesis inicial que deberá confirmarse con declaraciones ministeriales y dictámenes periciales.
La identidad de la subdirectora asesinada fue difundida en redes sociales como Nery Edith Narvales, aunque las autoridades no han dado una confirmación oficial de su nombre hasta el cierre de esta nota. La causa exacta de su muerte también está pendiente de dictamen.
Por qué te importa el ataque en la secundaria de Torreón
Porque no es la primera vez que pasa en Torreón. Y tampoco es la primera vez en Coahuila. En noviembre de 2024 ya se había reportado un disparo dentro de un salón de clases en la Escuela Año de Juárez; en febrero de 2025, una pistola calibre 9 mm fue encontrada en el CBTIS 156; y en mayo del mismo año, otra arma apareció en la Secundaria Eliseo Mendoza Berrueto. El patrón es claro: los planteles educativos de la región llevan años siendo escenarios de violencia creciente.
El caso más emblemático y devastador de esta historia fue el tiroteo en el Colegio Cervantes en 2020, también en Torreón, cuando un niño de 11 años abrió fuego en el patio escolar, dejando una maestra muerta y varios estudiantes heridos. Ese episodio dejó una herida colectiva que, seis años después, todavía no cierra.
Lo que está pasando no es solo un asunto de Coahuila. Es un síntoma de algo que está ocurriendo en todo el país: la violencia ya no espera afuera de las escuelas. Y mientras el Estado no tenga una respuesta estructural —que incluya atención a la salud mental, protocolos reales de seguridad escolar y mecanismos de alerta temprana—, vamos a seguir leyendo estas noticias.
La Secretaría de Educación Pública, a cargo de Mario Delgado, lamentó el ataque y señaló que estará pendiente del desarrollo de las investigaciones. Pero lamentar, sin actuar, no protege a nadie.
¿Qué sigue después del ataque en la secundaria de Torreón?
El plantel quedó bajo resguardo de las autoridades para permitir el desarrollo de las diligencias. Los dictámenes periciales sobre la causa de muerte de la subdirectora y el estado de los heridos aún están pendientes. La Fiscalía del Estado de Coahuila mantiene la investigación abierta.
La comunidad escolar —estudiantes, maestros, familias— quedó en estado de shock. 170 alumnos estaban presentes en el plantel esa mañana (la matrícula es de 210, pero las lluvias redujeron la asistencia). Cualquiera de ellos pudo haber estado en el baño o en ese salón de clases.
Este tipo de ataques no ocurren en el vacío. Ocurren en contextos de violencia normalizada, de acceso a armas, de instituciones que no detectan señales de alerta y de jóvenes que procesan el dolor y la rabia de maneras que el sistema nunca supo contener. No estamos hablando solo de castigo para los responsables —que lo habrá—, sino de preguntarnos qué tan seguros están realmente los espacios donde crecemos.
La violencia en espacios educativos no es un fenómeno aislado de Coahuila: en Guerrero, comunidades enteras han sido desplazadas por la violencia de grupos armados que también afectan a familias con hijos en edad escolar, rompiendo el acceso a la educación de maneras todavía más radicales. El hilo es el mismo: México tiene un problema serio con la violencia que toca a su infancia y juventud, y no hay señal de que se esté atajando desde la raíz.




