Matar al alcalde: ya van 14 ediles asesinados con Sheinbaum

Ya son 14 los alcaldes asesinados en México durante el sexenio de Sheinbaum. El último: Eduardo S. L., de San Miguel Yogovana, Oaxaca, muerto mientras

El asesinato del alcalde de San Miguel Yogovana, Oaxaca, sumó un nombre más a una lista que no para de crecer: 14 alcaldes asesinados en México durante la administración de Claudia Sheinbaum. Eduardo S. L., de 65 años, fue emboscado mientras hacía rondas de vigilancia en su propia comunidad. Gobernar en México se está volviendo un trabajo mortal.

¿Qué pasó en San Miguel Yogovana?

En la madrugada del domingo 13 de julio de 2026, Eduardo S. L. —alcalde de la agencia municipal de San Miguel Yogovana, en el municipio de Miahuatlán de Porfirio Díaz, Sierra Sur de Oaxaca— detectó dos motocicletas estacionadas frente a un domicilio mientras realizaba labores de vigilancia comunitaria.

Cuando pidió apoyo policial para revisar las motos, los presuntos dueños salieron de la casa con actitud agresiva y lo atacaron a balazos. Eduardo murió en el lugar, alcanzado por proyectiles de calibre .22 en el rostro. Tenía 65 años y era reconocido como un líder comunitario respetado por las familias de la zona.

La Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) confirmó que los presuntos responsables ya fueron identificados y que hay operativos activos para su captura. Pobladores de la comunidad señalaron que el conflicto había comenzado días antes, cuando hombres armados intentaron robar las instalaciones de la telesecundaria local.

La lista de alcaldes asesinados en México que nadie debería normalizar

El de Yogovana no es un caso aislado. Desde que Sheinbaum asumió la presidencia el 1 de octubre de 2024, 14 presidentes municipales han sido asesinados en distintos estados del país. La cronología es brutal:

  • 6 oct. 2024 — Alejandro Arcos Catalán, Chilpancingo, Guerrero (decapitado 6 días después de tomar posesión)
  • 15 oct. 2024 — Román Ruiz Bohórquez, Candelaria Loxicha, Oaxaca
  • 15 dic. 2024 — Jesús Franco Lárraga, Tancanhuitz, San Luis Potosí
  • 15 may. 2025 — Mario Hernández García, Santiago Amoltepec, Oaxaca
  • 2 jun. 2025 — Isaías Rojas Ramírez, Metlatónoc, Guerrero
  • 3 jun. 2025 — Yolanda Sánchez Figueroa, Cotija, Michoacán
  • 5 jun. 2025 — Salvador Bastida García, Tacámbaro, Michoacán
  • 15 jun. 2025 — Lilia Gema García Soto, San Mateo Piñas, Oaxaca
  • 17 jun. 2025 — Martha Laura Mendoza Mendoza, Tepalcatepec, Michoacán
  • 21 jun. 2025 — Acasio Flores Guerrero, Malinaltepec, Guerrero
  • 20 oct. 2025 — Miguel Bahena Solórzano, Pisaflores, Hidalgo
  • 1 nov. 2025 — Carlos Alberto Manzo Rodríguez, Uruapan, Michoacán
  • 13 jun. 2026 — Joel Ángel Bravo Martínez, San Miguel Amatitlán, Oaxaca
  • 13 jul. 2026 — Eduardo S. L., San Miguel Yogovana, Oaxaca

Solo en junio de 2025, cinco alcaldes fueron asesinados. Algunos con diferencia de horas entre sí.

¿Por qué te importa la crisis de alcaldes asesinados en México?

Quizás pienses que esto es un problema de lugares remotos que no tiene que ver contigo. Pero hay algo fundamental en juego: el municipio es el nivel de gobierno más cercano a tu vida cotidiana. Es quien decide dónde van las calles, el agua, la seguridad en tu colonia.

Cuando el crimen organizado asesina a un alcalde, no solo elimina a una persona: manda un mensaje a toda la comunidad de que el Estado no puede proteger ni a sus propios representantes. El municipio se ha convertido en el eslabón más débil del poder político en México, el espacio donde la delincuencia pone y quita autoridades, extorsiona y exige control de tesorerías, policías y obra pública.

Según el tracker Votar entre Balas, elaborado por Data Cívica, México Evalúa y Animal Político, de 2019 al 17 de mayo de 2026 se han registrado 2,927 amenazas, asesinatos, ataques armados, desapariciones y secuestros contra personas vinculadas al ámbito político y gubernamental en México. El 78% de las víctimas ocupa o compite por un cargo a nivel municipal.

Oaxaca: el estado donde más peligra ser alcalde

El estado más golpeado es Oaxaca. Solo en esta administración, al menos seis de los 14 casos ocurrieron en municipios oaxaqueños. San Miguel Yogovana, San Miguel Amatitlán, San Mateo Piñas, Santiago Amoltepec, Candelaria Loxicha… nombres que la mayoría del país desconoce hasta que aparecen en una nota de nota roja.

La dinámica es siempre parecida: comunidades con gobiernos de usos y costumbres, alta marginación, presencia de grupos armados disputando rutas o territorios, y autoridades municipales que terminan en medio del fuego cruzado sin protección real del estado ni de la federación.

¿Qué ha dicho el gobierno federal sobre los alcaldes asesinados en México?

La respuesta institucional ha sido consistentemente reactiva: condolencias, apertura de carpetas de investigación, operativos de captura. En la mayoría de los casos, sin sentencia firme ni resolución pública. Cuando se le preguntó a Sheinbaum en conferencia mañanera tras el asesinato del alcalde de Uruapan, la respuesta fue que las autoridades estatales trabajaban en coordinación con las fiscalías.

No existe hasta hoy un mecanismo federal de protección específico para presidentes municipales en funciones, a pesar de que la violencia contra este perfil lleva años siendo documentada. Y no es un problema nuevo: en el sexenio de Peña Nieto fueron asesinados 39 alcaldes; con Calderón, 37; con López Obrador, más de 23. Lo nuevo es el ritmo: con Sheinbaum, la tasa es de aproximadamente un alcalde asesinado cada mes y medio.

Este patrón de violencia política no es aislado. Como documentamos en nuestra nota sobre los 13 periodistas asesinados en el sexenio de Sheinbaum, la violencia sistemática contra quienes ejercen funciones públicas o de escrutinio sigue sin una respuesta estructural del Estado mexicano.

El problema no es la cifra, es lo que hay detrás

Reducir esto a un número —14, 13, 10— es en parte lo que permite que se normalice. Cada uno de estos asesinatos representa una comunidad que quedó sin su representante electo, procesos de investigación que en su mayoría no llegan a juicio, y un mensaje claro del crimen organizado: nosotros mandamos aquí.

Eduardo S. L. no murió porque fuera un político corrupto ni porque estuviera en medio de una guerra de cárteles. Murió haciendo rondas de vigilancia en su propio pueblo, a las 65 años, porque se cruzó con las personas equivocadas en la madrugada equivocada. Eso debería incomodarnos a todos.